El
presidente estadounidense Barack Obama, demócrata, negro y
progresista, goza de la legitimidad que le brinda un amplio
respaldo popular, expresado en las urnas, y de una gran mayoría
en el Congreso legislativo. Pero eso no le bastará para sortear
con éxito las arduas tareas que tiene por delante, entre ellas
remontar la crisis económica interna y mundial, reformar un sistema de salud que deja sin atención médica a millones de estadounidenses, reconstruir
los lazos de su país con la comunidad internacional, ajados
por años de unilateralismo, pacificar Medio Oriente y Asia
central y restablecer el imperio de los derechos humanos.
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