|
ISLAMABAD, 3 dic (IPS) La sentencia de tres años de
prisión para el principal activista pro Talibán
en Pakistán fue un claro mensaje del gobierno militar
a los grupos radicales islámicos de que está
decidido a combatir el extremismo religioso.
Guardias fronterizos pakistaníes arrestaron en noviembre
a Sufi Mohammad, clérigo y líder del Movimiento
para la Aplicación de las Leyes Islámicas, cuando
regresó al país desde el vecino Afganistán,
al cual había ingresado con más de 8.000 personas
a quienes convocó a combatir junto con las fuerzas
de Talibán.
Esa contingente, que no llegó a entrar en combate,
ingresó a Afganistán luego del repliegue a la
región meridional de ese país de las fuerzas
de Talibán, desplazadas por la opositora Alianza del
Norte y los bombardeos aéreos de Estados Unidos.
Sufi fue acusado de introducir armas pesadas en Pakistán,
y sentenciado a tres años de prisión junto con
30 de sus seguidores, en un juicio que duró unas pocas
horas, en virtud de la Ley de Crímenes de Frontera
de 1861.
La rápida condena de Sufi estuvo de acuerdo con la
nueva postura ante el radicalismo islámico del régimen
militar encabezado por Pervez Musharraf, quien se alió
con Estados Unidos en su "guerra contra el terrorismo"
luego de los atentados del 11 de septiembre en Nueva York
y Washington.
El ejército pakistaní fue el principal patrocinador
de los partidos fundamentalistas islámicos en Afganistán
desde la resistencia en ese país contra la invasión
de la Unión Soviética (1979-1989), pero ahora
sostiene que no hay lugar en Pakistán para el radicalismo.
"Los elementos extremistas quedaron al descubierto,
y ahora tomaré medidas concretas contra ellos para
que prevalezca la voluntad de la mayoría moderada",
declaró el general Musharraf el 26 de noviembre.
Sus declaraciones constituyeron una clara advertencia a los
partidos religiosos que se opusieron a su decisión
de apoyar a Estados Unidos y protagonizaron violentas protestas
en todo el país en octubre y noviembre.
El gobierno formula políticas para erradicar el extremismo
de los partidos religiosos y de Pakistán, informó
el general Rashid Qureshi, secretario de prensa de Musharraf
y jefe de Inter Services Public Relations, el órgano
de prensa del régimen militar, un día después
de las declaraciones del presidente.
La justicia ya envió a prisión o puso bajo
arresto domiciliario a altos líderes del partido radical
islámico Jamaat-i-Islami y de dos facciones del grupo
Jamiat Ulema Islam.
"Procederemos contra los líderes religiosos arrestados
de acuerdo con la ley", advirtió el general retirado
Moeenuddin Haider, ministro del Interior.
Mientras, agentes de seguridad realizan redadas en todo el
país contra miembros de partidos religiosos sospechosos
de tener contactos con el saudí Osama bin Laden y su
red terrorista Al- Qaeda, responsabilizados por los atentados
del 11 de septiembre.
Hasta 50 personas fueron detenidas en la sureña ciudad
portuaria de Karachi el 26 y el 27 de noviembre, en redadas
contra Tehrik-i-Islam Talibán y otros grupos "jihadistas"
o partidarios de la "guerra santa" islámica.
"No sabemos el número exacto de detenidos en
el marco de la represión internacional contra el terrorismo,
pero son varios cientos. Prevemos que habrá más
arrestos", declaró un funcionario del Ministerio
del Interior.
Los partidos religiosos se han mostrado cautos en sus críticas
al gobierno luego del repliegue de Talibán, que actualmente
apenas logra mantener su control sobre la sureña ciudad
afgana de Kandahar.
En lugar de salir a las calles a protestar, esos partidos
emiten declaraciones políticas de censura al régimen
de Musharraf por la situación en el vecino Afganistán.
"Lanzaremos un movimiento antigubernamental luego del
Eid" (la fiesta religiosa que marca el fin de los ayunos
de Ramadán, el mes sagrado para los musulmanes), anunció
Maulana Fazlur Rehman, líder de Jamiat Ulema Islam.
Rehman hizo su anuncio desde su casa de la ciudad Dera Ismail
Khan, en la Provincia de la Frontera Noroccidental, donde
se encuentra bajo arresto domiciliario.
Mientras, Jamaat-i-Islami se esfuerza por recuperar su fuerza
política, absteniéndose de criticar la nueva
postura moderada de Islamabad.
"La actual crisis en Afganistán sólo puede
resolverse mediante el establecimiento de un gobierno interino
que organice nuevas elecciones", declaró Qazi
Hussain Ahmed, líder de Jamaat.
Ahmed enfrenta cargos de sedición por emitir declaraciones
contra el gobierno militar en el apogeo de las protestas de
los partidos religiosos contra la cooperación de Pakistán
con Estados Unidos contra Afganistán.
Por su parte, las fuerzas progresistas aprueban la represión
de los grupos radicales.
"Nuestra campaña por la paz y contra el extremismo
ha dado frutos. Hemos convocado más gente a las calles
que ningún partido religioso", dijo Kaneez Zehra,
de la Alianza por la Paz y la Justicia, que organizó
una manifestación multitudinaria en la ciudad de Rawalpindi
en noviembre. (FIN/IPS/tra-en/mr/js/mlm/ip/01)
|