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TORONTO, 3 dic (IPS) La confiscación en Canadá
de los depósitos del grupo somalí Barakaat North
America, acusado por Estados Unidos de terrorista, privará
de remesas vitales a cientos de miles de familias, advirtieron
expertos.
Según las autoridades de Estados Unidos Barakaat,
con sede en Emiratos Arabes Unidos, tiene vínculos
con el saudita Osama bin Laden y su red Al Qaeda (La Base),
a los que Washington responsabiliza de los atentados terroristas
del 11 de septiembre en Nueva York y Washington.
Con 10 años de existencia, Barakaat es la más
grande de las redes informales de transferencia de dinero
de los ciudadanos somalíes residentes en el exterior,
conocidas como hawala (confianza), y cuenta con filiales en
varias ciudades estadounidenses y canadienses.
La hawala fue establecida para asistir a millones de personas
pobres tras el colapso de las instituciones de gobierno, la
banca y el servicio postal, provocado por la guerra civil
que se inició en 1991.
Pero con sus activos confiscados, Bakaraat ya no puede cumplir
con su propósito y, más grave aún, cualquiera
que la haya utilizado para realizar envíos de dinero
puede ser sometido a investigación.
"Las próximas en la lista serán las asociaciones
comunitarias de base que brinda clases de inglés y
asistencia diurna" a los inmigrantes, sostuvo Sharryn
Aiken, integrante de la Escuela de Leyes Osgoode Hall y del
Centro de Estudios sobre Refugiados de la Universidad de York.
Sin embargo, "aún no he visto ningún vínculo
entre los somalíes y Al Qaeda", agregó.
Somalia, al igual que otros países de Africa, Medio
Oriente y Asia que experimentaron un marcado éxodo
de su población, depende en gran medida de las remesas
enviadas a través de las hawalas, explicó Aiken.
"Estos envíos representan más beneficios
directos que la ayuda externa. Podemos ver que la riqueza
se distribuye de mejor modo en el Sur" en desarrollo,
subrayó Aiken.
Las mujeres filipinas que trabajan como niñeras en
Canadá prefieren utilizar una agencia local de remesas
de su comunidad para enviar dinero a sus familiares que "viven
en zonas aisladas y no tienen cuenta bancaria", sostuvo
Flor Dandal, coordinadora del Centro Comunitario Kababayan,
en Toronto.
Estos antiguos sistemas son bastante similares a los servicios
de transferencias de dinero que funcionan en Estados Unidos
y el resto del mundo.
El usuario efectúa un pago a un agente local, quien
le suministra un recibo y luego envía un mensaje por
fax al país destinatario, pidiendo al agente distribuidor
de la red que entregue una suma equivalente a la persona beneficiaria
en un plazo de 24 horas.
El usuario debe pagar un costo de entre tres y cinco por
ciento de la transacción, la cual recibe un código
de transacción confidencial.
La mayoría de las hawalas son consideradas negocios
legítimos, aunque Dandal relató el caso de una
agencia del vecindario filipino de Toronto que quebró
y provocó la pérdida del dinero de sus clientes.
Si bien las hawalas son un asunto "excitante",
las agencias de inteligencia saben hace tiempo que los fideicomisos
de Suizz son vehículos mucho más importantes
para el lavado de dinero grupos fundamentalistas, afirmó
Chris Mathers, director de inteligencia corporativa de la
consultora KPMG y ex oficial de la Real Policía Montada
de Canadá.
Las hawalas manejan transferencias de pequeñas sumas
de dinero, de 10 a 20 dólares, pero no son útiles
para grandes montos. "Es muy difícil trasladar
dinero del tráfico de drogas guardando los billetes
en las medias", bromeó Mathers.
No obstante, los carteles de narcotraficantes de Colombia
adoptaron el mecanismo de la hawala para realizar sus propias
transferencias ilegales de dinero. "Se lo conoce como
mercado negro del peso", sostuvo Stephen Schneider, investigador
del Centro Nathanson para el Estudio del Crimen Organizado
y la Corrupción, de la Escuela de Leyes Osgoode Hall.
Muy pocos países reglamentan la actividad de las hawalas.
Pese al volumen y valor de las transferencias monetarias bajo
esta modalidad, "existen muy pocos datos, y no hay estudios
al respecto", agregó Schneider, quien lleva a
cabo un informe sobre el lavado de dinero.
El cierre de las oficinas de Barakaat dejó a la comunidad
somalí en Canadá sin alternativas para enviar
dinero a su país durante el mes sagrado musulmán
del Ramadán, y las autoridades no entienden lo que
esto significa para las familias, afirmó Mohamed Tabit,
administrador de la Asociación Midayanta de Agencias
de Servicios Somalíes en Toronto.
"Nos preguntan por qué no enviamos un cheque
o hacemos un giro postal. Pero (en Somalia) no hay oficinas
de correo", explicó Tabit.
Pese a las acusaciones estadounidenses, "para los somalíes,
Barakaat es una empresa tan reconocida como Bell Canada",
la mayor empresa canadiense de telecomunicaciones, agregó.
En lugar de cerrarla, las autoridades estadounidenses y canadienses
deberían haber ingresado al sistema informático
y rastrear las transacciones sospechosas, opinó Tabit.
El líder comunitario admitió que la hawala
pudo haber sido infiltrada en algún nivel por elementos
negativos, pero se trata de una organización mucho
más grande, que no debió ser borrada de un plumazo,
concluyó. (FIN/IPS/tra-eng/pw/aa/dc/if dv/01)
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