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WASHINGTON, 3 dic (IPS) El gobierno de Estados Unidos respaldó
este lunes las represalias ordenadas por el primer ministro
de Israel, Ariel Sharon, ante los atentados suicidas del fin
de semana, en los que murieron al menos 26 israelíes.
Washington también secundó el reclamo de Sharon
al presidente de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), Yasser
Arafat, para que reprima a los grupos extremistas Movimiento
de Resistencia Islámica (Hamas) y Jihad Islámica
(Guerra Santa).
Sharon efectuó su llamado luego de que Hamas se adjudicara
los atentados cometidos el fin de semana en las ciudades de
Jerusalén y Haifa, que dejaron al menos 26 muertos
y decenas de heridos.
El gobierno estadounidense se abstuvo en esta ocasión
de reclamar contención a Sharon, como en ocasiones
anteriores.
Tampoco hubo críticas a los ataques con misiles que
las fuerzas israelíes efectuaron este lunes contra
las oficinas de Arafat en la ciudad de Gaza, ni a los proyectiles
arrojados desde aviones F- 16 sobre la principal sede de la
policía palestina en la ciudad de Jenín, Cisjordania.
"En opinión del presidente (George W. Bush),
Israel es una potencia soberana. Tiene derecho a la autodefensa",
sostuvo el portavoz de la Casa Blanca, Ari Fleischer, en su
encuentro con la prensa este lunes.
Sharon ordenó los ataques poco antes de declarar la
"guerra al terrorismo" y de acusar a Arafat de elegir
la "estrategia del terror" en un discurso emitido
por televisión.
El mandatario israelí acababa de regresar de una visita
a Estados Unidos, donde se reunió con Bush, que debió
suspender abruptamente por los atentados.
El inesperado respaldo de Washington a las represalias israelíes
sugiere que el gobierno de Bush comparte cada vez más
la visión de Sharon acerca de la responsabilidad de
Arafat en los actos terroristas de las organizaciones islámicas
que combaten la ocupación de Israel.
El hecho señala así mismo la posibilidad de
que la guerra que Estados Unidos libra contra el saudita Osama
bin Laden y su organización Al Qaeda (La Base), a quien
acusa de los ataques del 11 de septiembre, podría ampliarse
a las organizaciones palestinas y libanesas que cometen atentados
contra civiles israelíes.
Hamas se adjudicó los atentados, cometidos en represalia
por el asesinato el mes pasado de Abú Hunud, uno de
los líderes militares del grupo, junto a otros dos
militantes.
La prensa israelí advirtió la semana pasada
que la muerte de Hunud, parte de la política de asesinatos
selectivos que practica Tel Aviv, liquidaría un acuerdo
tácito entre Arafat y Hamas para poner fin a los atentados
suicidas mientras Washington intentaba reanudar las conversaciones
de paz entre ambas partes.
El grupo pacifista israelí Gush Shalom subrayó
que la violencia de las explosiones parece haber causado una
"suerte de amnesia colectiva" entre las fuerzas
que reclaman más represalias.
La organización señaló las informaciones
de prensa y la muerte de cinco niños palestinos la
semana pasada por una trampa explosiva dejada por el ejército
de Israel en un campamento de refugiados en Gaza.
Los atentados se perpetraron en una coyuntura esencial de
las negociaciones. El secretario de Estado (canciller) de
Estados Unidos, Colin Powell, envió a Medio Oriente
al general Anthony Zinni con la misión de permanecer
en la zona hasta lograr un cese del fuego efectivo que permitiera
retomar el diálogo de paz.
Zinni, que recibió el domingo un amargo "go home"
(vuelva a su país) por parte de una multitud de israelíes
reunidos en la escena del crimen en Jerusalén, calificó
el atentado como "el mal más profundo que pueda
imaginarse".
"La única forma de defenderse de los terroristas
es ir tras ellos", dijo el domingo el secretario (ministro)
de Defensa estadounidense, Donald Rumsfeld, en una entrevista
televisiva en que atacó a Arafat.
Rumsfeld se refirió a la participación de Arafat
en "actividades terroristas" en el pasado y lo consideró
incapaz de "entregar algo al pueblo palestino a lo largo
de la historia".
Incluso Powell, quien había manifestado cierta solidaridad
a la situación de Arafat y las aspiraciones palestinas,
dijo que había llegado "el momento de la verdad"
para el líder de la ANP tras los últimos ataques.
Arafat "debe perseguir a las organizaciones que cometen
estos actos de terror", sostuvo Powell.
Detrás de las declaraciones del secretario de Estado
hay creciente preocupación, en especial entre analistas
del Departamento de Estado (cancillería) y de la Agencia
Central de Inteligencia (CIA), de que Arafat carece del respaldo
popular necesario para detener a los dirigentes de Hamas y
la Jihad Islámica que ordenan los atentados.
La popularidad de ambas organizaciones fundamentalistas creció
durante la última intifada (levantamiento popular palestino
contra la ocupación).
Según una serie de encuestas realizadas este año,
y las elecciones del mes pasado en una importante universidad
palestina, el número de palestinos que respaldan a
Hamas y la Jihad iguala al de los simpatizantes de Al Fatah,
el partido político de Arafat.
El mes pasado, la policía palestina detuvo a un militante
fundamentalista de Cisjordania, provocando una serie de manifestaciones
que duraron dos días.
Incluso Rumsfeld sugirió que Arafat carece de la autoridad
para actuar con decisión aunque tenga la voluntad de
hacerlo. "No sé si tiene un buen control de la
situación palestina", dijo el jefe del Pentágono.
Arafat declaró el domingo un estado de emergencia,
mientras sus fuerzas de seguridad detuvieron a más
de 100 fundamentalistas sospechosos.
Aunque no hubo protestas, un funcionario del gobierno estadounidense
describió a Arafat como alguien que está "entre
la espada y la pared".
"Sharon y nosotros esperamos que (Arafat) haga mucho
más. Pero existe el riesgo de protestas y posibles
actos de violencia contra la propia ANP", agregó
el funcionario.
Según un asesor del Congreso, "Arafat siempre
prefirió reducir políticamente a sus opositores
en lugar de luchar contra ellos.
Pero ahora el gobierno dice que tiene que pelear. Si no lo
hace, prevalecerá el argumento de Sharon de que Arafat
es un terrorista porque deja que ocurran" actos de violencia.
Este ha sido el punto de vista de varios asesores de Rumsfeld,
quien fortaleció su posición dentro del gobierno
--sobre todo en relación a Powell-- desde los ataques
terroristas del 11 de septiembre en Nueva York y Washington.
Entre los altos asesores de Rumsfeld figuran el presidente
de la Junta de Política de Defensa, Richard Perle,
y su secretario adjunto, Douglas Feith.
Perle y Feith trabajaron cerca del ex primer ministro israelí
Benjamín Netanyahu, quien, al igual que Sharon, pertenece
al Partido Likud y se opuso al proceso de paz de Oslo.
Tras los ataques de septiembre, Perle firmó una carta
a Bush, junto con otros 37 figuras conservadoras, llamando
a desplazar al presidente de Iraq, Saddam Hussein, y a atacar
a Siria e Irán si no cortaban sus vínculos con
la organización fundamentalista Hizbollah en Líbano.
Además, la carta exhortó a Washington a interrumpir
la ayuda de Estados Unidos a la ANP hasta que esta "encarcele
a quienes planifican ataques terroristas contra Israel".
(FIN/IPS/tra-en/dc- lp-mj/ip/01)
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