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KUWAIT, 4 dic (IPS) La guerra en Afganistán está
lejos de Kuwait pero se siente muy cercana, porque ha avivado
la confrontación entre los grupos fundamentalistas
islámicos y liberales que forman los mayores bloques
políticos del país.
La gente sigue con atención cada día los informes
sobre el conflicto, y hay rumores de que unos 60 kuwaitíes
han muerto en los últimos dos días durante combates
entre las fuerzas encabezadas por Estados Unidos y las del
afgano movimiento Talibán.
Además, el clérigo musulmán kuwaití
Sulaiman Abu Ghaith es en la actualidad portavoz del saudita
Osama bin Laden, líder de la organización Al
Qaeda (La Base) y figura clave en el inicio del conflicto.
Estados Unidos lanzó su ataque contra el Talibán
luego de que ese movimiento, fundamentalista islámico,
se negó a entregar a Bin Laden, a quien el gobierno
estadounidense considera responsable de los atentados terroristas
del 11 de septiembre en Nueva York y Washington.
La pertenencia de Abu Ghaith a Al Qaeda se puso en evidencia
por primera vez el 7 de octubre, cuando el kuwaití
apareció al lado de Bin Laden en un vídeo con
un mensaje del saudita, divulgado por la emisora de televisión
Al Jazeera, de Qatar.
Abu Ghaith aseguró que por lo menos 20 kuwaitíes
integraban Al Qaeda, y que los países del Golfo, incluyendo
a Kuwait, han sido una fuente de recursos económicos
para Bin Laden.
Esas afirmaciones causaron gran conmoción en el país,
cuyo gobierno se apresuró a declarar que Abu Ghaith
es un traidor y a privarlo de la ciudadanía.
Abu Ghaith se hizo conocer en el país por sus posiciones
fundamentalistas extremas, y viajó a Bosnia en 1994
para combatir junto con milicias musulmanas en ese país
durante dos meses.
Sus sermones lo pusieron varias veces en conflicto con las
autoridades, pero liberales kuwaitíes alegaban que
el gobierno era demasiado tolerante con él y con los
grupos musulmanes radicales en general, y pedían una
supervisión más estricta de su recolección
de fondos con fines declarados de caridad.
En la actualidad, gran parte de la población expresa
su preocupación por el creciente poder de los fundamentalistas
islámicos, y los liberales sostienen que la emergencia
de líderes como Abu Ghaith tiene sus raíces
en el sistema de educación.
"En nuestras escuelas se enseña a odiar a quienes
no son musulmanes, se describe al Islam como algo grandioso,
y de ese modo se pinta como demonios a quienes no lo integran",
comentó el secretario general del liberal Movimiento
Democrático Nacional Kuwaití, Ahmad Bishara.
"No somos una sociedad tolerante y debemos realizar
un autoexamen de la educación escolar y los sermones
en las mezquitas", añadió.
Sin embargo, no hay evidencia de que Al Qaeda actúe
en el país, ni de que cuente con apoyo relevante entre
su población, entre la cual aún predomina un
sentimiento de gratitud hacia Estados Unidos por la intervención
militar que forzó la retirada de fuerzas invasoras
de Iraq en 1991.
"Puede haber como máximo un centenar de kuwaitíes
que apoyen a Bin Laden, pero ese fenómeno carece de
importancia" en el país, de 825.000 habitantes,
opinó Ismail Shatti, del fundamentalista Movimiento
por la Constitución Islámica.
"Los islamistas kuwaitíes no son los terroristas
descritos por los liberales locales", dijo Shatti, quien
recibió a IPS en su oficina, rodeado por obras de arte,
hermosas alfombras y muebles antiguos, y negó veracidad
a las afirmaciones de Abu Ghaith de que Al Qaeda recibe dinero
proveniente de Kuwait.
Kuwait es el único país del Golfo con un parlamento
elegido por voto popular, y su sistema de beneficios sociales
asegura una importante redistribución de los ingresos.
La situación es muy distinta de la de países
como Arabia Saudita, donde la riqueza proveniente del petróleo
se concentra en manos de algunos miles de nobles y se expresa
creciente simpatía por Bin Laden.
Ninguno de los actuales integrantes de la dinastía
gobernante kuwaití es un musulmán entusiasta,
pero las autoridades han tolerado durante décadas las
actividades de fundamentalistas islámicos en beneficio
propio, como contrapeso de los grupos demócratas, izquierdistas
y nacionalistas.
Alianzas tácitas similares existen en otros países
árabes, pero la de Kuwait nunca ha sido el origen de
actos de violencia, evitados con extremo cuidado por los islamistas
kuwaitíes.
"Aquí todos somos ricos, incluso los fundamentalistas
islámicos, quienes no tienen motivos para volcarse
hacia la violencia mientras conducen automóviles Cadillac
y pasan sus vacaciones en Europa", dijo a IPS Ali el
Baghli, ex ministro de Petróleo.
De todos modos, la estrategia política del gobierno
ha transformado a los musulmanes ultraortodoxos en el grupo
de presión más poderoso del país en términos
económicos y políticos, cuyas organizaciones
controlan las asociaciones de maestros y estudiantes, pese
a contar con escasa presencia en el parlamento.
Los legisladores de esos grupos han logrado evitar durante
años que se reconozca el derecho al voto de las mujeres.
Tras el 11 de septiembre, los liberales esperan que el gobierno
se aleje de los fundamentalistas y destacan decisiones en
ese sentido, en especial la controlar más la recolección
de fondos con presuntos fines de caridad, y el rechazo de
un proyecto para adecuar el código penal a las normas
islámicas.
La aprobación de ese proyecto habría permitido
flagelar a quienes cometieran adulterio, y cortar las manos
a los culpables de hurto.
Algunos kuwaitíes sienten que la observancia de las
normas islámicas avanza en el país, pero esa
modificación de las leyes no habría sido bien
recibida.
Casi todos los hombres del país visten la tradicional
y refrescante túnica blanca llamada "dishdasha",
pero muchas mujeres no usan velo, casi todas se maquillan
mucho, y muchas siguen la moda mundial, a menudo con vestidos
que no cumplen con las normas ortodoxas del Islam.
El adulterio es cada vez más frecuente según
los datos disponibles, y un importante número de hombres
suele pasear en sus automóviles en busca de mujeres
con las cuales mantener relaciones sexuales.
Es posible que los últimos acontecimientos internacionales
enfríen las relaciones entre la familia gobernante
y los fundamentalistas, pero no parece probable que esa situación
se prolongue ni que permita un avance político de los
liberales.
El subdirector de un diario kuwaití dijo a IPS que
los liberales no deben ilusionarse, porque la familia gobernante
seguirá buscando que fundamentalistas y liberales se
contrarresten entre sí, para distraer a ambos de la
cuestión central del sistema de gobierno y perpetuarse
en el poder.
Hay una lucha por el poder en ciernes, porque tanto el actual
emir como el príncipe heredero son de edad avanzada
y están enfermos, y eso aumentará la influencia
de los fundamentalistas, aseguró. (FIN/IPS/tra-eng/mm/kg/js/mp/ip
cr/01)
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