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TEHERAN, 5 dic (IPS) Las autoridades de Irán han logrado
muy escaso éxito en la lucha contra el narcotráfico,
y prevén que la situación se agravará
debido al actual conflicto en el vecino Afganistán
y tras el fin de esa guerra.
El flujo de refugiados afganos hacia Irán aumenta
a medida que avanza la ofensiva militar de Estados Unidos
y sus aliados contra el movimiento Talibán, que controlaba
la mayor parte de Afganistán, y aumenta el dominio
de ese país por la afgana Alianza del Norte, favorecida
por tal ofensiva.
Es probable que el ingreso masivo de esos refugiados contribuya
a incrementar la actividad de narcotraficantes que utilizan
territorio iraní para el tránsito de drogas
hacia otros países, pronosticó el secretario
de la Comisión Antidrogas iraní, Mohammad Fallah.
Irán tiene unos 2.000 kilómetros de fronteras
con Afganistán y Pakistán, dos de los mayores
productores de narcóticos del mundo, y esas fronteras
son atravesadas en forma permanente por grupos armados de
contrabandistas de drogas, en su mayoría provenientes
de territorio afgano.
Sea cual fuere el desenlace del conflicto afgano, "el
narcotráfico encontrará una forma de sobrevivir",
y sus actividades continuarán en Afganistán
mientras ese país siga sumido en la pobreza, añadió.
Hay abundante evidencia de que el número de consumidores
de drogas ilegales, y en especial de opio y heroína,
aumenta en Irán pese a numerosos arrestos, sentencias
a prisión y ejecuciones de contrabandistas y distribuidores
de esas sustancias.
El consumo anual de opio en el país es 730 toneladas
según datos de la Comisión Antidrogas, pero
fuentes no oficiales aseguran que es mucho mayor.
Afganistán y Birmania producen casi 95 por ciento
del opio manejado por narcotraficantes en el mundo, según
especialistas.
La producción afgana de opio fue unas 400 o 500 toneladas
anuales en 1989, y había aumentado a más de
4.000 toneladas en 1999.
Varios cientos de toneladas de opio proveniente de Afganistán
son confiscadas cada año por fuerzas de seguridad iraníes,
pero cantidades mucho mayores son consumidas en el país
o lo atraviesan para ser enviadas a otras naciones.
El año pasado, Teherán cooperó con la
Organización de las Naciones Unidas para promover entre
los agricultores afganos cultivos alternativos al de la amapola,
empleada para producir opio, pero Fallah piensa que la guerra
"conduce a Afganistán a un futuro muy oscuro y
peligroso", y que eso perjudicará a Irán.
Mahmood Alizadeh Tabatabaie, integrante del concejo municipal
de Teherán y ex representante del Poder Ejecutivo en
la Comisión Antidrogas, llegó a proponer que
Irán comprara opio al Talibán y asumiera el
abastecimiento de esa droga a otros países.
De ese modo, "por lo menos sacaríamos a los contrabandistas
de escena y arruinaríamos su negocio", arguyó.
"Cinco mil toneladas de opio valen unos 250 millones
de dólares. Si compráramos toda esa droga para
quemarla, el resultado sería más deseable que
la situación que afrontamos en la actualidad",
sostuvo.
Iran gasta unos 875 millones de dólares anuales en
la lucha contra las drogas, según datos oficiales.
El ayatolá Mahmoud Hashemi Shahroudi, jefe del Poder
Judicial, ha sostenido que el gasto anual es aun mayor, unos
900 millones de dólares para fortalecer la vigilancia
de las fronteras y otros 200 millones para luchar contra el
narcotráfico interno.
Según la información disponible, el país
realiza por completo ese enorme gasto con fondos propios.
Algunos expertos piensan que se trata de un gran desperdicio
de dinero en esos rubros, ya que hay unos dos millones de
adictos iraníes a las drogas ilegales, en una población
de 66 millones, según las estadísticas oficiales,
en las cuales muchos piensan que el problema es subestimado
en forma intencional.
Los varones se transforman en adictos a edades tan tempranas
como los 15 años, y las mujeres comienzan el consumo
a edades más avanzadas.
"Mientras hablamos, están presos más de
100.000 contrabandistas, distribuidores y vendedores al por
menor de drogas, pero los que permanecen en libertad y activos
son por lo menos varios miles", afirmó Tabatabaie.
"En la mejor de las hipótesis, podríamos
arrestar sólo a 10 por ciento de ellos, y con una estimación
muy conservadora, cada vendedor al por menor abastece a por
lo menos cinco o seis consumidores", indicó.
La justicia iraní sentencia a muerte a miles de personas
cada año por delitos relacionados con las drogas, y
Fallah dijo a IPS que durante el último año
del calendario iraní, de marzo de 2000 a marzo de este
año, se registraron 287 casos de consumo, por los cuales
fueron encarceladas 227 personas.
En el mismo periodo, 1.083 narcotraficantes murieron en enfrentamientos
con las fuerzas de seguridad, según datos oficiales.
Sin embargo, pocas veces se producen arrestos de grandes
narcotraficantes, es frecuente la condena a muerte de personas
que poseían menos de 100 gramos de heroína,
y menos de 1,5 por ciento de esas condenas llegan a ejecutarse.
La ley iraní establece desde hace más de una
década que sea condenada a muerte cualquier persona
en cuyo poder se descubran más de 30 gramos de heroína
o más de cinco kilogramos de opio.
"La aplicación de esa ley determinó la
condena a muerte en 1999 de 15.869 personas, pero los procesos
judiciales correspondientes han concluido en sólo 1.735
casos, y sólo 233 condenados fueron ejecutados",
explicó el viceministro del Interior para Asuntos de
Seguridad, Gholamhussein Bolandian.
"Las condenas a prisión y las ejecuciones sólo
son eficaces para la disuasión de los delincuentes
en pequeña escala y el corto plazo, y pierden eficacia
cuando se hacen masivas", alegó Fallah.
"Somo el país que ejecuta a más personas
por delitos relacionados con las drogas, pero también
el que registra mayor cantidad de hallazgos de drogas",
destacó.
Otros piensan que el problema reside en deficiencias del
sistema judicial y en la frecuencia de las conmutaciones de
sentencias, dispuestas por las autoridades en ocasiones especiales
como la celebración de Año Nuevo y fiestas religiosas,
o debida a la intervención de personas influyentes.
Además, el gobierno es renuente a aplicar la pena
capital cuando eso significa privar a familias de quienes
aportan sus ingresos.
Según funcionarios gubernamentales, la pobreza y el
desempleo contribuyen al aumento del consumo y el tráfico
de drogas.
"El crimen organizado se aprovecha de la gente pobre
para ganar fortunas", sostuvo Abbas Babaei, especialista
en drogas del Ministerio del Interior.
El presidente Mohammad Jatami afronta una difícil
situación en la lucha contra las drogas.
Por una parte, potencias occidentales presionan a Irán
para que detenga el tránsito de drogas ilegales por
su territorio, con destino a Europa. Por otra, los narcotraficantes
internacionales han tenido la audacia de ofrecer dinero a
Teherán para que les garantice el tránsito seguro
de esas sustancias.
El enorme lucro de los narcotraficantes determina que estén
decididos a no abandonar sus actividades, y el precio del
opio aumenta con cada cruce de frontera.
Un kilogramo de opio puede valer unos 30 dólares en
Afganistán, unos 1.000 dólares en Irán
y hasta 8.000 dólares cuando llega a Londres. (FIN/IPS/tra-eng/yt/ccb/js/mp/ip/01)
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