|
ISLAMABAD, 7 dic (IPS) El fin del conflicto en Afganistán
se aproxima con una celeridad propia del pragmatismo de la
cultura tribal de ese país, y alienta esperanzas de
desarrollo en paz, que dependen en gran medida de la conducta
de otras naciones.
Muchos observadores internacionales temían una cruenta
batalla final en la meridional ciudad de Kandahar, último
bastión del movimiento Talibán, que controlaba
la mayor parte del país antes del inicio el 7 de octubre
de bombardeos de Estados Unidos y sus aliados que permitieron
el avance de la afgana Alianza del Norte.
Sin embargo, el mulá Mohammed Omar, supremo líder
del Talibán, acordó el jueves su rendición,
e informes periodísticos de este viernes indican que
ese movimiento, fundamentalista islámico, comenzó
a entregar sus armas.
El Talibán aceptó rendirse a cambio de garantías
de que el nuevo jefe del gobierno interino afgano acordado
esta semana en Bonn, Hamid Karzai, otorgara a sus integrantes
una amnistía general y garantizara su retiro con "dignidad".
Informes de este viernes indicaron que fuerzas afganas con
respaldo estadounidense controlaban la noroccidental región
de Tora Bora, en cuyas cuevas se suponía que estaba
refugiado el saudita Osama bin Laden, cuyo paradero aún
se ignora.
El gobierno de Estados Unidos considera a Bin Laden responsable
de los ataques terroristas del 11 de septiembre en Nueva York
y Washington, y lanzó su ofensiva contra el Talibán,
en el marco de una campaña internacional antiterrorista,
luego de que ese movimiento fue se negara a entregar al saudita.
Decisivos acontecimientos militares y diplomáticos
se precipitaron en 48 hours, como si Omar hubiera esperado
la conformación de un gobierno afgano interino para
entregarse a él, para no caer en manos de extranjeros.
El Talibán insistió en que estaba dispuesto
a defender hasta el fin sus posiciones durante el primer mes
de bombardeos, pero luego comenzó una sucesión
de retiradas y rendiciones.
El 9 de noviembre capituló en la septentrional ciudad
de Mazar- i-Sharif, y tras esa inflexión en el curso
de la guerra se produjeron la rendición en la septentrional
Kunduz, y la retirada de Kabul, de la noroccidental Herat
y de la nororiental Jalalabad.
Las conversaciones en Bonn, auspiciadas por la Organización
de las Naciones Unidas y bajo presión de Estados Unidos,
se desarrollaron con la misma secuencia de obstinación
inicial y rápido acuerdo final entre las facciones
afganas representadas.
Ese acuerdo permitió formar una coalición de
gobierno interino con razonable representación de diversas
etnias e intereses políticos.
Karzai residía en la noroccidental ciudad pakistaní
de Quetta, y al igual que Omar nació en Kandahar e
integra la mayoritaria etnia afgana de los patanes o pashtun.
Fue viceministro de Relaciones Exteriores del primer gobierno
afgano posterior al régimen comunista derrocado por
guerrilleros islámicos en 1992.
Desde el punto de vista político, sus posiciones son
afines a las de Estados Unidos y a las del ex rey Zahir Shah,
derrocado en 1973 y exiliado desde entonces en Italia.
Algunos grupos afganos piensan que no tienen representación
adecuada en el gobierno interino de 29 integrantes cuya asunción
está prevista para el 22 de este mes, para allanar
el camino hacia una Loya Jirga (Gran Asamblea) de líderes
tribales que prepare una nueva Constitución y elecciones
generales.
Sin embargo, todo indica que ese acuerdo se mantendrá
firme porque cuenta con respaldo de Estados Unidos y es la
base para que la comunidad internacional aporte miles de millones
de dólares destinados a la reconstrucción del
país.
Todas las facciones y etnias de Afganistán, los países
vecinos y el conjunto de la comunidad internacional coinciden
en que ese país debe ser un Estado unificado, para
garantizar su estabilidad y la de la región.
De todos modos, algunos asuntos delicados siguen pendientes.
En primer lugar, el secretario de Defensa de Estados Unidos,
Donald Rumsfeld, dijo a periodistas el jueves que Washington
se opone a que Omar sea amnistiado, y al parecer hay planes
para que lo juzgue por "proteger a terroristas"
un tribunal militar estadounidense, creado por orden presidencial
el 13 de noviembre.
Karzai negoció en persona la rendición de Kandahar,
y ha afirmado que "se permitirá al mulá
Omar y a otros líderes vivir con dignidad en sus propios
hogares, si el Talibán renuncia al terrorismo".
Un juicio de Omar tras ese compromiso de Karzai crearía
división entre los afganos, desestabilizaría
al gobierno interino y extendería en Afganistán
y en el mundo la opinión de que el deseo de venganza
estadounidense prevalece sobre sobre la búsqueda de
reconciliación.
Eso podría crear condiciones para que resurjan en
Afganistán señores de la guerra como los que
devastaron a ese país en los años 90, tras el
fin de la invasión de la Unión Soviética
(1979- 1989), y haya fracturas en la coalición formada
en Bonn.
Ya hay informes de que el general Abdur Rashid Dostum, de
origen étnico uzbeko y bajo cuyo control está
en la actualidad Mazar i-Sharif, no acepta los acuerdos de
Bonn porque no le fue asignado un lugar en el consejo de ministros
interino.
Por otra parte, ambiciones y rivalidades de otros países
pueden poner en peligro la estabilidad afgana, como ocurrió
en otras ocasiones.
Desde 1978, todos los gobiernos de Afganistán y sus
adversarios en ese país han contado con activo apoyo
externo de diversos países, entre ellos, Estados Unidos,
India, Irán, Pakistán, Tajikistán, Turquía,
la ex Unión Soviética y Uzbekistán.
Esas naciones actuaron por intereses económicos o
políticos, o debido a afinidades étnicas o religiosas
con alguna parte de la población afgana.
Durante un largo periodo de los años 90, Arabia Saudita
e Irán lucharon mediante intermediarios en territorio
afgano, hasta lograr un acuerdo en 1997.
Es probable que el principal factor en juego contra la reedición
de conflictos en Afganistán sea económico.
Las enormes tareas de reconstrucción necesarias requerirán
asistencia de por lo menos 10.000 millones de dólares
durante los próximos cinco años, y deberán
incluir la remoción de unos 10 millones de minas terrestres,
la mayor cantidad en un país.
Afganistán integra la Organización de Cooperación
Económica, formada en 1992, junto con Azarbaiján,
Irán, Kazajstán, Kirguistán, Pakistán,
Tajikistán, Turkmenistán, Turquía y Uzbekistán.
En los Estados miembros de esa organización viven unos
300 millones de musulmanes.
La paz en Afganistán puede abrir nuevas perspectivas
económicas, entre las cuales se destaca la de construir
oleoductos y gasoductos con origen en Asia Central, para la
exportación desde Pakistán u otros países
de Asia Meridional, o desde el Golfo, si esos conductos atraviesan
Irán. (FIN/IPS/tra-eng/mh/js/mp/ip if/01)
|