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BEIJING, nov (IPS) El gobierno de China aprovecha la guerra
contra el terrorismo promovida por Estados Unidos para fortalecer
su propia campaña contra el movimiento separatista
musulmán de la noroccidental provincia de Xinjiang,
aseguró la organización Human Rigths.
El ministro de Relaciones Exteriores, Tang Jiaxuan, condenó
el terrorismo ante la Asamblea General de la Organización
de las Naciones como "un flagelo común, que se
abate sobre la comunidad internacional", y sostuvo que
China es uno de sus blancos.
Tang sostuvo que las fuerzas musulmanas de Xinjiang son entrenadas,
equipadas y financiadas por organizaciones terroristas de
alcance mundial.
La Región Autónoma Uigur, de Xinjiang, comprende
el territorio de Turkestán oriental, de 1,6 millones
de kilómetros cuadrados, en que viven más de
10 millones de musulmanes, la mayoría pertenecientes
a grupos uigur de habla turca. También hay minorías
kazakas, kirgicas, uzbekas y tajikas.
En una reunión con la Alta Comisionada de las Naciones
Unidos para los Derechos Humanos, Mary Robinson, el viceprimer
ministro Qian Qichem aseguró que unos 1.000 musulmanes
chinos fueron entrenados en Afganistán, en campamentos
de la organización Al Qaeda, de Osama bin Laden.
Fue esa la primera vez que un gobernante chino vinculó
a los separatistas islámicos de Xinjiang con Bin Laden,
el saudita acusado por Estados Unidos de los atentados del
11 de septiembre en Nueva York y Washington.
No obstante, las autoridades chinas siempre habían
atribuido relaciones a esas fuerzas con organizaciones del
exterior.
Grupos defensores de los derechos humanos advirtieron que
el gobierno intensificó su campaña contra los
separatistas tras los atentados en Estados Unidos.
Un alto número de musulmanes considerados disidentes
por el gobierno chino fueron detenidos, juzgados sumariamente
y algunos ejecutados, denunciaron activistas de los derechos
humanos.
Tres integrantes de la minoría étnica uigur
fueron ejectuados en 1997 tras ser acusados de participar
en una protesta en la ciudad de Yili, en Xinjiang. Otros 20
fueron enviados a prisión acusados de violencia separatista,
actividad religiosa ilegal u oposición al gobierno.
"Nos preocupa que, en el tratamiento de las minorías,
las autoridades chinas no distingan entre una expresión
pacífica de disenso o identidad cultural y religiosa
y actos violentos", sostuvo Human Rights en una carta
entregada a Mary Robinson.
En la región autónoma uigur de Xinjiang, las
autoridades aseguran luchar contra movimientos terroristas
violentos. Pero los calificativos "terrorista" y
"separatista" se usan indiscriminadamente y para
"legitimar la supresión de cualquier forma de
disenso político", aseguró Human Rights.
Analistas advirtieron que la situación de los derechos
humanos puede empeorar en China tras el ingreso del país
en la Organización Mundial del Comercio (OMC).
Para facilitar la admisión de China en la OMC, concretada
el 10 de este mes, el Congreso de Estados Unidos renunció
a la revisión que realizaba anualmente del estado de
los derechos humanos en este país.
Al respaldar la guerra antiterrorista de Washington, Beijing
evitó la posibilidad de que el presidente George W.
Bush pidiera una investigación sobre derechos humanos
o lo condenara en la reunión anual de la Comisión
de Derechos Humanos de la ONU, en Ginebra.
Días antes del ingreso de China al club internacional
de comercio, Robinson, durante una visita a Beijing, urgió
al gobierno a no utilizar la guerra contra el terrorismo como
una excusa para reprimir a la minoría musulmana de
Xinjiang.
Robinson dijo que las quejas por las violaciones de los derechos
humanos en Xinjiang aumentaron desde el 11 de septiembre y
exhortó a Beijing a cumplir las disposiciones internacionales
sobre discriminación racial y étnica.
Pero Beijing defendió su campaña contra los
separatistas en Xinjiang. El viceprimer ministro Qian Qichen
respondió a Robinson que China respeta los derechos
de los 10 millones de musulmanes de la provincia, y marcó
la diferencia entre ese grupo de población y los 1.000
uigur que Beijing afirma que recibieron entrenamiento militar
en Afganistán.
La revista oficial Semanario presentó en su portada
una nota titulada "La lucha de China contra el terrorismo",
que señaló a los radicales islámicos
de Xinjiang como el principal enemigo del gobierno.
Por primera vez un medio oficial informó que los responsables
de una serie de acciones violentas en Xinjiang en 1997 fueron
entrenados en Afganistán entre 1995 y 1997. Una vez
en China, estos hombres de la minoría uigur adquirieron
explosivos y realizaron varios ataques, aseguró Semanario.
Yang Su, experto en Asia Central de la Universidad de Lanzhou,
fue citado por la revista diciendo que "la posición
de China contra el terrorismo siempre fue consistente".
"Es importante destacar que Beijing esperó el
momento adecuado para publicitar su lucha" contra los
separatistas, agregó Yang. (FIN/IPS/tra-en/ab/ral/lp-ff/hd
ip/01)
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