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DAMASCO, 16 nov (IPS) El gobierno pos-Talibán debe
ser una coalición de base amplia que represente a las
múltiples etnias y grupos religiosos de Afganistán,
advirtió Siria, reflejando una preocupación
común a varios países musulmanes.
La Alianza del Norte, que luchaba contra Talibán desde
que este grupo fundamentalista islámico tomó
el poder en 1996, ocupó esta semana la capital Kabul
y otras ciudades.
El control de Talibán se limita ahora a algunas zonas
del sur, donde se presume está oculto el saudí
Osama bin Laden, principal sospechoso de los atentados del
11 de septiembre en Estados Unidos.
Las conquistas de la Alianza del Norte se deben en gran parte
a la campaña de bombardeos contra objetivos de Talibán
lanzada el 7 de octubre por Washington, en el marco de una
"guerra contra el terrorismo".
"El resultado de esta guerra no resulta sorprendente,
dado que sus partes son el país más poderoso
del mundo y el más pobre, azotado por sus propias guerras
internas", declaró en Damasco el vicepresidente
de Siria, Abdulhalim Jaddam, a un grupo de periodistas árabes.
Los periodistas asistieron a un acto de conmemoración
de la revolución que hace 31 años llevó
al poder al difunto presidente Hafez Al-Assad.
Tras la muerte de Hafez, su hijo Bashar le sucedió
en la presidencia en julio de 2000.
La instalación en Afganistán de un gobierno
de la Alianza del Norte que excluya a otras facciones reduciría
la posibilidad de restaurar la paz en ese país devastado
por 20 años de guerra, advirtió Jaddam.
Además, polarizaría al mundo musulmán,
agregando un nuevo obstáculo a la coalición
contra el terrorismo encabezada por Estados Unidos, agregó.
El vicepresidente también criticó la resolución
1373 de la Organización de las Naciones Unidas (ONU)
contra el terrorismo, a la que consideró "una
ley internacional sin precedentes" que limita la soberanía
de todos los países.
La resolución penaliza la financiación de organizaciones
terroristas, ordena congelar todos sus activos y prohíbe
"todo tipo de apoyo, activo o pasivo, a personas involucradas
en actos de terrorismo.
También obliga a los países miembros a "llevar
ante la justicia a cualquier persona que participe de la planificación,
financiación o ejecución de actos terroristas",
y ordena reprimir el movimiento transfronterizo de individuos
o grupos terroristas, entre otras medidas.
La nueva resolución "ofrece a Israel la posibilidad
de atacar a cualquier estado árabe bajo el pretexto
de combatir el terrorismo", dijo Jaddam.
Así mismo, exhortó a todos los países
árabes a promover otra interpretación de la
resolución y distinguir claramente entre terrorismo
y resistencia legítima a la ocupación israelí
de territorios árabes.
Jaddam lamentó que Washington considere terroristas
a organizaciones militantes palestinas y al grupo chiíta
Hizbolá, fundado para liberar al sur de Líbano
de la ocupación israelí, en 1982.
Además, destacó el total rechazo de Damasco
a la demanda de Washington de "congelar los activos de
los grupos árabes de resistencia".
Trascendió que el secretario de Estado estadounidense,
Colin Powell, pidió en Nueva York a su par sirio Farouk
Al-Sharaa, al margen de una sesión de la Asamblea General
de la ONU, que Damasco use su influencia sobre Hizbolá
para reducir el conflicto con Israel. Siria rechazó
el pedido.
Según Jaddam, la decisión del presidente estadounidense
George W. Bush de reprimir organizaciones árabes está
más dirigida a apaciguar a los grupos de presión
judíos de Estados Unidos que a neutralizar a grupos
terroristas con alcance mundial.
Si las amenazas de Washington de atacar a Siria se concretan,
Damasco "se defenderá", advirtió el
vicepresidente, pero no brindó detalles.
El aislamiento de Siria pondría en riesgo el apoyo
árabe a la campaña antiterrorista y alentaría
el sentimiento antiestadounidense, en especial porque Hizbolá
se ha convertido en un símbolo de la resistencia islámica
contra Israel, advirtieron diplomáticos. (FIN/IPS/tra-en/gb/mn/mlm/ip/01)
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