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WASHINGTON, 19 nov (IPS) Estados Unidos y China se aproximaron
tras los atentados en Nueva York y Washington, pero el énfasis
del gobierno de George W. Bush Washington en la guerra antiterrorista
y en la seguridad interna desvían su interés
de asuntos asiáticos esenciales.
Expertos en China y ex funcionarios estadounidenses coincidieron
en que las buenas relaciones bilaterales se mantendrán
mientras Washington no toque la cuestión de la política
interna china.
Las conclusiones pertenecen a un foro organizado la semana
pasada por la Sasakawa Peace Foundation en la capital estadounidense.
"Es muy posible que Estados Unidos no dedique demasiado
esfuerzo a elaborar definiciones estratégicas sobre
Asia. Ya se advierte que en el ámbito más alto
(del gobierno) no existe una verdadera atención a la
cuestión", dijo Kurt Campbell, subsecretario adjunto
de Defensa para Asuntos Asiáticos y del Pacífico
del gobierno de Bill Clinton (1993-2001).
"Esto tendrá consecuencias mucho más significativas
que las que algunos creen". El desinterés del
gobierno de Bush por Asia debería preocupar a sus aliados
regionales, señaló Campbell, actual vicepresidente
del Centro de Estudios Internacionales y Estratégicos.
Las nuevas prioridades de Washington coinciden con una etapa
de cooperación con Beijing, lejos de las tensiones
creadas por la cuestión de Taiwan, los derechos humanos
y el armamentismo, que caracterizaron las relaciones bilaterales
de los últimos años, dijo Jia Qingguo, profesor
de la Universidad de Beijing y miembro visitante de la Brookings
Institution.
Pero esta nueva realidad prevalecerá sólo si
Washington evita toda presión por cambios políticos
en China, opinó Jia.
"Mientras Estados Unidos no intente imponer cambios
en China ni la trate como enemiga, ambas naciones contarán
con espacio para conducir sus relaciones en forma constructiva",
aseguró.
Los atentados del 11 de septiembre en Estados Unidos modificaron
el escenario internacional y persuadieron a los gobernantes
de ambos países de la necesidad de minimizar sus diferencias
y colaborar en la guerra contra el terrorismo, afirmó
Jia.
El gobierno de China condenó de inmediato los actos
terroristas, perpetrados mediante el secuestro de aviones
comerciales.
La determinación de Beijing quedó de manifiesto
con una compra de aeronaves por valor de 1.600 millones de
dólares a la atribulada compañía estadounidense
Boeing y el suministro de información de inteligencia
a Washington sobre la organización Al Qaeda (La Base),
del saudita Osama bin Laden, a quien Estados Unidos acusa
de los atentados.
El gobierno chino dio un impulso fundamental a la causa estadounidense
durante la cumbre del foro de Cooperación Económica
de Asia y Pacífico (APEC) de octubre, a la que asistió
Bush.
"China actuó sin condiciones para mostrar que
realmente quiere colaborar", indicó Jia.
El gobierno de Bush respondió refiriéndose
a China como su "competidor estratégico",
una expresión que utilizaron tanto el presidente como
sus funcionarios de seguridad nacional.
Bush también se refirió a China como una "gran
potencia" con la cual su país desea una relación
constructiva, durante la reunión de APEC, en la que
se entrevistó con el presidente chino Jiang Zemin.
"Lo que importa es preguntarse si esta colaboración
durará".
Eso dependerá en gran medida, opinó Jia, de
la forma en que Estados Unidos trate a China en el nuevo periodo
de transición que se abre para ese país como
consecuencia de su ingreso en la Organización Mundial
del Comercio (OMC).
Mientras China conducía en la última década
el cambio de un régimen planificado y centralizado
a una economía de mercado, los gobernantes estadounidenses
insistían en su disconformidad con los escasos avances
que percibían en el ámbito político,
recordó Jia.
Ante lo que observadores gubernamentales e independientes
señalaban como el desafío chino a la supremacía
mundial de Estados Unidos, se hizo prioritario para Washington
presionar por cambios políticos en el país asiático,
que está gobernado con mano férrea por el Partido
Comunista.
Esta convicción fue evidente en el ala más
derechista del Partido Republicano y en organizaciones liberales
como los sindicatos, que se opusieron con firmeza al ingreso
de China en la OMC.
"El esfuerzo estadounidense amenazó inclusive
con minar la misma legitimidad política del gobierno
chino", que resistió las presiones y exigió
a Washington que respetara su soberanía, agregó
Jia.
Las tensiones se agravaron en los primeros meses del gobierno
de Bush, cuando éste dio a conocer su sistema de defensa
con misiles, que podría dejar obsoleto el arsenal de
misiles balísticos chinos.
El enfrentamiento llegó a su clímax en abril,
con el incidente que concluyó con el derribo de un
caza chino y el aterrizaje de emergencia de un avión
espía estadounidense sobre la isla de Hainan, en China.
Pero tras los atentados de septiembre, el gobierno de Bush
parece haber abandonado la idea de que China es su enemigo.
Campbell coincidió en que las buenas relaciones entre
Beijing y Washington se mantendrán mientras no se toque
la delicada situación interna china.
Por otra parete, la nueva postura hacia China representa
una gran modificación de la política exterior
de Bush, obsesionada con los peligros de las potencias emergentes,
sostuvo el experto.
"Los funcionarios de política exterior realmente
creían que era inevitable un enfrentamiento entre China
y Estados Unidos. Esta visión era mucho más
dominante que lo que se admite en público", afirmó
Campbell.
El nuevo escenario influye en la situación de la isla
Taiwan, reclamada por Beijing. "Uno espera que Taiwan
no haga en este momento nada inapropiado, ni genere una situación
contraria a nuestros intereses", dijo Campbell.
"La tarea más importante del gobierno es dejar
claro a los amigos en Beijing y en Taiwan que no es momento
para pequeñeces", opinó Campbell.
Por otra parte, los atentados de septiembre fortalecieron
el peso del sector internacionalista moderado en desmedro
de los derechistas unilateralistas dentro del gobierno de
Bush, estimó David Shambaugh, profesor de ciencia política
de la Universidad George Washington.
Sin embargo, subsisten muchos problemas: la situación
de Taiwan, la defensa misilística, el papel de Japón
en la seguridad de Asia oriental y los derechos humanos, advirtió
Shambaugh.
"No creo que debamos engañarnos pensando que
las cosas simnplemente mejorarán con el tiempo",
concluyó. (FIN/IPS/tra- eng/ts/js/dc/ip/01)
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