| NUEVA YORK, 20
dic (IPS) Masacres en Ruanda, Somalia y los Balcanes se debieron
al fracaso de la Organización de las Naciones Unidas
(ONU) en la prevención y manejo de conflictos, afirmaron
expertos en un informe al secretario general del foro mundial,
Kofi Annan.
La Comisión Internacional sobre Intervención
y Soberanía de los Estados (ICISS, por sus siglas en
inglés) entregó esta semana a Annan, recomendaciones
para implementar futuras intervenciones militares que busquen
evitar catástrofes humanitarias.
Esa comisión, creada por el gobierno de Canadá,
se propuso dar respuesta a un desafío a la comunidad
internacional lanzado por Annan en la Cumbre del Milenio,
organizada por la ONU en Nueva York en septiembre de 2000.
En esa ocasión, el secretario general instó
a debatir dilemas éticos, políticos y operativos
de intervenciones internacionales con fines humanitarios,
en el marco del fin de la Guerra Fría y del avance
hacia un orden internacional basado en la democracia, el respeto
de los derechos humanos y el buen gobierno.
El informe de la ICISS, titulado "La responsabilidad
de protección", es el resultado de 12 meses de
investigaciones y amplias consultas, y sus autores arguyen
que es posible que la comunidad internacional proteja a la
población de un Estado soberano sin minar su soberanía.
"Los Estados soberanos tienen la responsabilidad de
proteger a sus ciudadanos de catástrofes evitables,
pero cuando no pueden o no quieren hacerlo, esa responsabilidad
recae en la comunidad de naciones", afirmó el
presidente de la ICISS, Gareth Evans, ex ministro de Asuntos
Exteriores de Australia.
La comisión sostuvo que el Consejo de Seguridad de
la ONU es la única autoridad internacional con legitimidad
para decidir ese tipo de intervenciones.
El informe puede leerse en el sitio http://www.iciss.gc.ca/report-e.asp
de Internet, la red mundial de computadoras, y no es "un
nuevo estudio analítico sobre el derecho de intervención,
sino una guía práctica para llevar a cabo intervenciones
basadas en principios", indicó Evans.
La intención declarada de los autores fue proponer
una base sólida para el consenso internacional acerca
de las circunstancias que pueden justificar una intervención,
quiénes deberían llevarla a cabo y bajo qué
autoridad.
Ese tipo de operaciones sólo se justifica ante "pérdida
de vidas en gran escala" e intentos de genocidio o limpieza
étnica, y aun en esas circunstancias debe ser el último
recurso, tras el fracaso de medidas de prevención o
pacificación, enfatizaron.
La escala, duración e intensidad de la intervención
deberían ser las mínimas necesarias, para evitar
costos humanos e institucionales, apuntaron.
Los miembros permanentes del Consejo de Seguridad con derecho
a veto, Estados Unidos, China, Francia, Gran Bretaña
y Rusia, deberían adoptar un código de conducta
para no bloquear operaciones apoyadas por clara mayoría
de la comunidad internacional, si no afectan intereses vitales
de esos países, señalaron.
Los países involucrados en "situaciones alarmantes"
pueden explorar alternativas a la intervención de la
ONU, si el Consejo de Seguridad no decide proteger a la población
afectada, pero eso dañaría en forma grave la
credibilidad del foro mundial, sostuvo Evans.
El informe de la ICISS fue redactado antes de los ataques
del 11 de septiembre en Nueva York y Washington, y por lo
tanto no aborda cuestiones relacionadas con la respuesta estadounidense
a ellos, y se basa en la hipótesis de demandas de que
la comunidad internacional proteja a la población de
un Estado.
El único pasaje que puede vincularse con la respuesta
a un atentado terrorista contra una nación es el que
reafirma el "derecho a la autodefensa individual o colectiva,
si se produce un ataque armado contra un Estado miembro"
del foro mundial, establecido en la Carta de la ONU.
Los autores señalaron que los países que decidan
ejercer ese derecho deben informar de inmediato al Consejo
de Seguridad, como lo hizo Estados Unidos al lanzar su campaña
internacional antiterrorista tras los atentados de septiembre.
Los gobiernos de varios países se han opuesto a toda
intervención internacional en un Estado soberano, a
menudo para proteger sus propios intereses.
Beijing, por ejemplo, rechaza con firmeza la posibilidad
de que la comunidad internacional intervenga para proteger
a la población de las campañas represivas chinas
contra insurgentes separatistas en Tibet y en la sudoccidental
provincia de Xianjiang.
India se opone a cualquier mediación internacional
en la disputa por el territorio de Cachemira que mantiene
desde hace más demedio siglo con Pakistán, y
Rusia no acepta que otros países intervengan para buscar
soluciones a la cuestión del separatismo en Chechenia.
Hay importantes discrepancias internacionales sobre las circunstancias
que justifican una intervención humanitaria, aunque
una amplia mayoría de los integrantes de la ONU coincide
en que tales operaciones sólo pueden ser autorizadas
por el Consejo de Seguridad, afirmó el copresidente
de la ICISS, Mohamed Sahnoun, asesor especial de Annan.
"Nos complace que la comisión haya logrado avanzar
en el debate y ampliar las bases de consenso. Como ha dicho
el secretario general, no queremos más episodios como
el de Ruanda, y creo que aceptar las propuestas de la ICISS
es la mejor forma de evitarlos", añadió.
Integran la comisión, además de Evans y Sahnoun,
Gisele Cote- Harper, de Canadá, Lee Hamilton, de Estados
Unidos, Michael Ignatieff, de Canadá, Vladimir Lukin,
de Rusia, Klaus Nauman, de Alemania, Cyrill Ramaphosa, de
Sudáfrica, Fidel Ramos, de Filipinas, Cornelio Sommaruga,
de Suiza, Eduardo Stein, de Guatemala, y Ramesh Thakur, de
India. (FIN/IPS/tra-eng/au/cr/dc- mp/ip/01)
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