| ISLAMABAD, 20 dic
(IPS) Pakistán puso a su ejército en alerta por
temor a un ataque de su vecino y rival India, que rechazó
una oferta de investigación en forma conjunta el ataque
terrorista de la semana pasada contra el parlamento indio.
El presidente pakistaní, general Pervez Musharraf,
condenó el atentado del día 13 en que murieron
12 personas, incluidos los terroristas. "Estamos contra
ese tipo de actos en cualquier parte del mundo, y los condenamos
con dureza", declaró.
"Cooperaremos siempre que haya pruebas contra cualquier
individuo o grupo. No queremos que el territorio pakistaní
sea utilizado para lanzar tales atentados en ninguna parte
del mundo, incluida India", agregó.
India acusó a Pakistán de planificar los ataques
y afirmó que éstos fueron perpetrados por dos
organizaciones separatistas cachemiras establecidas en territorio
pakistaní, Lashkar-e-Toiba (Soldados de Dios) y Jaish-e-Mohammed
(Ejército de Mahoma).
La cancillería pakistaní negó tajantemente
las acusaciones y exigió a Nueva Delhi pruebas de la
participación en los ataques de esos dos grupos, a
los que Islamabad considera "combatientes por la libertad"
y no terroristas.
El primer ministro indio, Atal Bihari Vajpayee, dijo al parlamento
que haría todo lo posible por evitar una guerra con
Pakistán, pero advirtió que su gobierno mantiene
varias opciones abiertas como respuesta al atentado contra
el parlamento.
Ambos países poseen armas nucleares y se han enfrentado
tres veces en guerra desde 1947, dos de ellas por Cachemira,
el único estado indio de mayoría musulmana.
Nueva Delhi acusa a Islamabad de brindar entrenamiento y
armas a los grupos separatistas cachemiros, pero el gobierno
pakistaní sostiene que sólo les ofrece "apoyo
moral y diplomático".
Aunque ambos gobiernos en general se han contenido militarmente
en los últimos años -principalmente a instancias
de Estados Unidos- , la guerra verbal continúa.
"Si India cree que sus acusaciones son ciertas, entonces
no debería dudar en aceptar nuestra oferta de investigación
imparcial. Al arrogarse los papeles de acusador y juez, contraría
los principios de la justicia", declaró el miércoles
el canciller pakistaní Abdul Sattar.
"La historia es testigo de que las autoridades indias,
motivadas por los prejuicios, recurren a acusaciones totalmente
falsas y carentes de sustancia contra Pakistán",
agregó.
El ministro del Interior de India, Lal Krishan Advani, describió
el ataque contra el parlamento como "el más audaz
en la historia del terrorismo patrocinado por Pakistán
contra India" y un intento de "eliminar a todos
los líderes políticos indios".
Funcionarios pakistaníes lamentaron que Nueva Delhi
haya acusado a Islamabad sin esperar siquiera los resultados
de una investigación preliminar.
Hasta ahora, ninguna organización radical islámica
pakistaní se atribuyó el atentado.
El diario Markaz Ad-Daw'h Wal Irshad, órgano de prensa
de Lashkar-e-Toiba, afirmó que los mujaidines nunca
atacan a civiles y que la acusación forma parte de
"una conspiración para calificar a todas las organizaciones
'jihadistas' (partidarias de la 'guerra santa' islámica)
como terroristas".
India desea aprovechar la ventaja que le ofrece la "guerra
contra el terrorismo" lanzada por Estados Unidos para
"difamar a los combatientes por la libertad en la parte
de Cachemira controlada por India".
Jaish-e-Mohammed también negó cualquier participación
en el ataque.
Syed Slahuddin, presidente del Consejo Unido de la Jihad,
que comprende a 15 grupos jihadistas, incluido Jaish-e-Mohammed,
afirmó que el atentado al parlamento indio fue producto
de "un plan de organismos indios para justificar la propuesta
Ordenanza para la Prevención del Terrorismo".
Si el parlamento aprueba esa ordenanza, "las agencias
de seguridad tendrán más poderes para utilizar
la fuerza contra los combatientes por la libertad", agregó.
Algunos observadores opinaron que Pakistán nunca planificaría
un atentado como el de la semana pasada porque provocaría
la ira de la comunidad internacional.
Además, señalaron que Lashkar-e-Toiba y Jaish-e-Mohammed
nunca realizaron operaciones conjuntas.
Lashkar-e-Toiba reivindicó un atentado perpetrado
en diciembre de 1999 en Nueva Delhi, cuando dos atacantes
suicidas irrumpieron en el Fuerte Rojo y mataron a dos soldados
y un civil.
En octubre de este año, Jaish-e-Mohammed se atribuyó
un ataque similar contra el edificio del parlamento estadual
de Srinagar, capital de verano del noroccidental estado de
Jammu y Cachemira, que dejó 40 muertos.
Ambos ataques fueron condenados por Islamabad.
El propio Musharraf es blanco de duras críticas de
organizaciones jihadistas por su apoyo a la "guerra contra
el terrorismo" de Estados Unidos en el vecino Afganistán.
Entre otras medidas, el gobierno pakistaní decidió
desarmar a las organizaciones jihadistas, prohibirles la recaudación
de fondos y congelar sus cuentas.
Poco después del atentado del día 13, el ejército
pakistaní convocó una reunión de sus
generales ante el temor de represalias de India.
En la reunión, Musharraf advirtió a India que
cualquier intervención en Pakistán sería
respondida con la fuerza.
La comunidad internacional, representada por el secretario
general de las Naciones Unidas, Kofi Annan, y altos funcionarios
de Estados Unidos, exhortó a ambos países a
la contención. (FIN/IPS/tra-en/ni/ral/mlm/ip/01)
|