|
BANGKOK, 20 nov (IPS) Bangladesh, Indonesia y Malasia, tres
países de tradición política secular,
pero con mayoría de población musulmana, están
convulsionados por el debate sobre la identidad islámica
nacional, que es acompañado de movilizaciones política
s.
Ninguna de las tres naciones, que albergan en conjunto a
casi 300 millones de musulmanes, son estados islámicos.
En Bangladesh, por ejemplo, el estado se asienta sobre los
cimientos del nacionalismo bengalí y no sobre la tradición
sunita islámica a la que adhieren más de 85
por ciento de los 130 millones de habitantes.
"Bangladesh pertenece a los bengalíes de todas
las religiones", sostuvo la ex primera ministra Sheikh
Hasina.
Pero, ¿por cuánto tiempo? Nuevas tendencias
que emergen en el ambiente político de los tres países
destacan la necesidad de la identidad islámica, que
es el centro de los debates y las manifestaciones callejeras.
En las últimas semanas cientos de hindúes bengalíes
huyeron a la vecina India debido a la persecución de
extremistas musulmanes.
La minoritaria población hindú es agredida
por organizaciones islámicas como el Jamait-i-Islami,
en represalia por su adhesión a la Liga Awami de la
ex primera ministra Hasina, derrotada en las elecciones parlamentarias
del mes pasado.
Los grupos islámicos "quieren destruir los valores
de la guerra de liberación de 1971. Quieren crear una
nación musulmana homogénea expulsando a los
hindúes", sostuvo este mes Abdur Razzaq, ex ministro
bengalí.
La guerra que Estados Unidos y Gran Bretaña pusieron
en marcha el 7 de octubre contra Afganistán ayudó
a avivar la discusión política, que continúa
mientras en territorio afgano el movimiento Talibán
es acorralado por los bombardeos aliados y el avance en el
terreno de la Alianza del Norte.
Miles de musulmanes, desde Indonesia a Bangladesh, aprovecharon
los acontecimientos de las últimas semanas para protestar
contra la guerra y obtener apoyo a su visión de la
religión y el estado. Para ellos la lealtad al Islam
prevalece sobre la adhesión al estado tal como está
constituido.
"Creo que cada ser humano tiene lazos primordiales con
una entidad superior, y no con conceptos tales como estado.
Esos lazos permanecen dormidos hasta que un estímulo
los despierta", opinó Surin Ptisuwan, ex canciller
y actual miembro del parlamento de Tailandia.
"Los gobiernos no pueden ignorar esas voces. La legitimidad
de la idea secular del estado-nación está a
prueba", agregó Surin, integrante de la minoría
musulmana en un país mayoritariamente budista.
"Luego de la guerra fría, la política
se ha visto dominada por cuestiones de identidad, en muchos
sentidos en relación con la idea del ser", sostuvo
Chaiwat Satha-Ananad, director del Centro de Información
para la Paz de la Universidad Thammasat, de Bangkok, capital
de Tailandia.
A partir de esa noción se construye la pertenencia
a una comunidad, agregó Chaiwat, también musulmán.
"He sentido esa sensación en cada lugar donde
existe un resurgir islámico, que nos coloca en una
situación en la que debemos reafirmar nuestra identidad
como musulmanes", afirmó Chaiwat.
"Los hechos no ocurren en el vacío. Algunos musulmanes
indonesios cuestionan la forma en que el país se constituyó
a sí mismo y en lo que eso significó para sus
ciudadanos", sostuvo.
Con 170 millones de musulmanes en 200 millones de habitantes,
Indonesia es el país con más población
islámica del mundo.
Las protestas callejeras que grupos musulmanes llevaron a
cabo contra los bombardeos sobre Afganistán pusieron
de manifiesto cuán estridente puede ser ese renacimiento
religioso.
A medida que los ataques aéreos se prolongaban, a
las manifestaciones se sumaron las amenazas de ataque a ciudadanos
estadounidenses alojados en hoteles de Yakarta, la capital
indonesia.
La presidenta Megawati Sukarnoputri se alineó en forma
entusiasta con la coalición creada por Estados Unidos
contra el terrorismo, pero atenuó su postura tras el
inicio de los bombardeos, reclamando una pausa en los mismos
durante el Ramadán, el mes sagrado de los musulmanes,
que comenzó el último fin de semana.
"Osama bin Laden (acusado por Estados Unidos de los
atentados del 11 de septiembre y supuestamente refugiado en
Afganistán) facilitó las cosas. Su papel en
Afganistán es percibido como político, pero
en nombre de la religión. Y la fuerza que lo ataca
es descripta como foránea", dijo Chaiwat.
El primer ministro de Malasia, Mahathir Mohamad, se involucró
en un debate nacional sobre la naturaleza del estado malasio,
en un país donde casi 50 por ciento de unos 22 millones
de habitantes profesan la fe islámica.
Según algunos observadores, el propio gobernante dio
pie a la discusión con el fin de apropiarse de la agenda
política del conservador Parti Islam SeMalaysia (PAS),
que controla dos de los 13 estados malasios.
El malestar y la agresividad generada en un sector de la
comunidad islámica asiática podría "manifestarse
de un modo peligroso", sostuvo una universitaria islámica
que no quiso dar su nombre.
Estos sectores "toman ejemplo de los musulmanes de Medio
Oriente, donde el Islam fue utilizado con fines políticos.
Ese no ha sido hasta ahora el caso de los musulmanes de Asia
sudoriental", agregó.
Lo preocupante es la "visión excluyente"
que despliegan los principales sectores políticos islámicos
de la región, que puede contrariar la base multirreligiosa
y multicultural de países como Indonesia y Malasia.
"Su idea de un estado islámico puede crear el
tipo de extremismo que ya hemos visto", sostuvo la experta.
|