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ISLAMABAD, 20 nov (IPS) La crisis alimentaria causada en
Afganistán por la guerra y la sequía puede propagarse
a países vecinos, que también están afectados
por falta de lluvias y por el aluvión de refugiados
afganos, advirtieron agencias humanitarias internacionales.
Existe el riesgo de que la hambruna desborde las fronteras
de Afganistán para alcanzar a estados limítrofes
en que los numerosos refugiados afganos agregan más
peso sobre frágiles economías, señaló
Stephanie Bunker, portavoz de la Oficina de las Naciones Unidas
para la Coordinación de la Asistencia Humanitaria a
Afganistán.
La guerra no sólo causa inseguridad alimentaria en
el territorio afgano, sino que puede propagarla a toda una
región, agregó Shahid Zia, del Grupo de Acción
por la Agricultura Sustentable, una coalición de 24
grupos de la sociedad civil.
Primero en la lista de los países vecinos vulnerables
figura Tajikistán, donde una guerra civil ha destruido
la infraestructura social, dijo Bunker. Pakistán todavía
tiene medios para hacer frente a la difícil situación,
pero también ha sufrido una fuerte sequía.
"Durante los últimos tres años, Afganistán
y Tajikistán han sido los países más
afectados por la sequía, que es un fenómeno
regional", explicó Jalid Mansour, del Programa
Mundial de Alimentos (PMA).
"Muchas áreas de Pakistán e Irán
fueron alcanzadas por la hambruna, pero la superaron, porque
tenían reservas de trigo suficientes. De hecho, las
operaciones del PMA dependen de las reservas de Pakistán
e Irán para proveer alimentos a Afganistán",
añadió.
Los 22 millones de habitantes de Afganistán ya se
enfrentaban a una grave crisis alimentaria antes del comienzo
de los bombardeos encabezados por Estados Unidos, el 7 de
octubre.
Los 22 años de guerra y la peor sequía registrada
en la historia del país dejaron al menos 5,6 millones
de personas (uno de cada cuatro habitantes) total o parcialmente
dependientes de la ayuda del PMA.
Otros dos millones de personas podrían agregarse a
la población necesitada de asistencia si aumentan los
desplazados, y especialmente, si se cobcreta la eventualidad
de una guerra de aniquilación tras la retirada del
movimiento Talibán de ciudades clave, verificada la
semana pasada.
Las reservas domésticas de alimentos son extremadamente
bajas en algunas áreas, y en otras, las condiciones
son de hambruna.
Agencias de la Organización de las Naciones Unidas
(ONU) calcularon que se precisarían 584 millones de
dólares para garantizar la entrega de ayuda humanitaria
y programas de protección para unos 7,5 millones de
afganos.
Los organismos de la ONU aguardan 400.000 refugiados más
en Irán, cerca de un millón en Pakistán,
donde ya se cuentan más de dos millones, y 100.000
en países de Asia central, como consecuencia de la
guerra en Afganistán.
Ya en agosto, la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación
de la Asistencia Humanitaria en Afganistán había
estimado que la crisis de este año continuaría
en el primer trimestre de 2002.
"Con el invierno, las condiciones para los más
de cuatro millones de campesinos afganos más afectados
por la crisis se agravarán", advirtió el
informe.
"Luego de tres años de sequía y dos cosechas
al menos 50 por ciento inferiores a lo normal, la vulnerabilidad
de la población probablemente generará más
desplazamientos", agregó.
El PMA estimó el déficit de cereales para este
año en 2,3 millones de toneladas. La ayuda alimentaria
suministrada hasta ahora suma apenas 240.000 toneladas, o
10,4 por ciento del déficit total.
Sin embargo, la directora ejecutiva del PMA, Catherine Bertini,
anunció el viernes en Londres que por primera vez su
agencia logró alcanzar el objetivo mensual de 52.000
toneladas, suficientes para alimentar a los seis millones
de hambrientos.
Esta tendencia parece relacionarse con el nuevo interés
de la comunidad internacional por la situación humanitaria
en Afganistán en el marco de la "guerra contra
el terrorismo" lanzada por Estados Unidos a raíz
de los atentados del 11 de septiembre en Nueva York y Washington.
No obstante, la situación todavía dista de
ser satisfactoria.
Trabajadores humanitarios temen que el conflicto impida la
siembra de trigo, que debería ser cosechado en mayo
de 2002.
El trigo, el principal producto alimenticio de la región,
representa 80 por ciento de la producción cerealera
total de Afganistán.
La temporada de siembra habitualmente comienza a fines de
octubre y dura hasta principios de diciembre.
Aunque no se dispone de información de primera mano
sobre los trastornos provocados en la plantación por
los bombardeos aéreos, existen muchos motivos de preocupación,
porque aún en años anteriores, el rendimiento
era la mitad del potencial, señaló Mansour.
Además, los suministros de fertilizantes de Afganistán,
en general importados de Pakistán, Irán y Turkmenistán,
también están afectados, lo cual produce una
significativa reducción en el rendimiento agrícola.
Los vecinos de Afganistán tienen sus propios problemas
alimentarios.
Tajikistán, una de las repúblicas ex soviéticas
más pobres, padece las consecuencias de una amarga
guerra civil de cinco años.
El PMA prevé que la producción de alimentos
este año en ese país será de 303.000
toneladas, una cantidad 36 por ciento inferior al promedio
de los últimos cinco años.
Tajikistán precisa más de un millón
de toneladas de cereales al año para satisfacer sus
necesidades domésticas. Pero como las importaciones
comerciales no excederán las 400.000 toneladas, quedará
una brecha de unas 341.000 toneladas hasta mediados de 2002.
En cuanto a Pakistán, pese a tener mejor reservas
para hacer frente a la escasez, también sufrió
graves consecuencias económicas por la sequía.
Islamabad redujo su previsión de crecimiento económico
de 4,5 a 3,8 por ciento para este año a causa de la
seca, que provocará una pérdida de 2.000 millones
de dólares, según cálculos de las autoridades.
Durante mucho tiempo, la escasez de trigo en Afganistán
había sido compensada con el contrabando desde el vecino
Pakistán, según funcionarios.
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