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ISLAMABAD, 21 nov (IPS) La retirada del grupo Talibán
de las principales ciudades de Afganistán aplacó
el fervor por la "guerra santa" islámica
que se había apoderado de muchos pakistaníes
a raíz de la campaña antiterrorista de Estados
Unido s.
Alí Khan, un antiguo oficial de la marina pakistaní
y miembro de la etnia patán (pashtun), a la que pertenecen
la gran mayoría de los Talibán, se proponía
unirse a éstos en la guerra contra Estados Unidos y
sus aliados.
Pero el repliegue de Talibán la semana pasada a algunas
zonas del sur cambió la opinión de Khan acerca
del coraje y la determinación de esa milicia fundamentalista
islámica, que hasta principios de este mes gobernaba
casi todo el territorio afgano.
El movimiento Talibán aseguró que su retirada
de ciudades como la capital, Kabul, y la septentrional Masar
i Sharif, fue "una medida estratégica". Pero
Khan opina que las afirmaciones sobre el coraje de los Talibán
eran "exageradas fuera de toda proporción".
"La retirada de Talibán es desmoralizante para
sus partidarios en todo el mundo islámico", sostuvo
Mauladad, un miembro del partido religioso de derecha Jamaat-i-Islami,
que trabaja como conductor para una organización no
gubernamental de Islamabad.
"Comienzo a preguntarme si los discursos sobre la resistencia
de Talibán eran tan vacíos como los de (el presidente
de Iraq) Saddam Hussein", agregó.
Estados Unidos comenzó el bombardeo de Afganistán
el 7 de octubre, en respuesta a los atentados del 11 de septiembre
en Nueva York y Washington, que dejaron unos 5.500 muertos
y desaparecidos.
El régimen Talibán se negó a entregar
al saudí Osama bin Laden, al que Washington considera
responsable de los ataques terroristas.
La rápida decadencia de Talibán en el escenario
político afgano también apaciguó en el
vecino Pakistán a los partidos religiosos de derecha
y los grupos extremistas islámicos, que habían
amenazado con derrocar al gobierno de Pervez Musharraf por
brindar apoyo estratégico a Estados Unidos.
Luego de protagonizar una serie de violentas protestas callejeras
en todo el país, los partidos religiosos recurren ahora
a formas más pacíficas de protestas contra el
régimen militar.
Del llamado a la "guerra santa", pasaron a declaraciones
de condena a Islamabad en la prensa por lo que consideran
la "debacle" de la política afgana que permitió
a la opositora Alianza del Norte tomar la capital, Kabul.
"La retirada de Talibán fue una medida estratégica.
Ahora está preparando una larga guerra de guerrillas",
afirmó Munawwar Hassan, presidente interino de Jamaat-i-Islami.
"La política del gobierno paquistaní hacia
Afganistán resultará en un gobierno pro-indio
en ese país", advirtió.
India, el rival histórico de Pakistán, respalda
a la Alianza del Norte. En cambio, los pakistaníes
tienen vínculos históricos y étnicos
con Talibán y recelan de la Alianza, compuesta en su
mayoría por tribus no patanes.
Por su parte, el Consejo para la Defensa de Afganistán
y Pakistán, una federación de 22 partidos religiosos
y grupos "jihadistas" formada luego del 11 de septiembre,
tiene dificultades para enfrentar al público.
Mientras algunos de sus líderes pidieron una detención
inmediata de los bombardeos de Estados Unidos ahora que Talibán
cayó, sus exhortaciones ya no tienen la fuerza de antes.
Los partidos religiosos que integran el Consejo intentan
ahora encontrar un lugar en la política nacional en
momentos en que sus patrocinadores tradicionales, los militares,
toman medidas prácticas tendentes a la moderación
para volverse más aceptables ante la comunidad internacional.
La mayoría de esos partidos habían idealizado
al régimen de Talibán en el vecino Afganistán
y reclamado un sistema islámico similar en Pakistán.
Pero tras el colapso de su fuente de inspiración la
semana pasada, buscan opciones más "políticamente
correctas" para asegurar su futuro político en
un gobierno pos-Talibán.
Ahora, el Consejo planea enviar delegaciones de líderes
religiosos a países de la región en busca de
apoyo para un acuerdo pacífico y permanente que solucione
la crisis afgana.
"Los principales líderes religiosos de Pakistán
y otros países árabes visitarán estados
vecinos a Afganistán en procura de ayuda para resolver
la cuestión afgana", declaró un miembro
de la federación.
Mientras, el Consejo decidió continuar con su tibia
oposición a la cooperación militar pakistaní
con Washington, y sostuvo que la caída de Talibán
es transitoria y su retirada es una estrategia bien planificada.
Sin embargo, muchos creen que estas afirmaciones carecen
de lógica y que el repliegue de Talibán fue
una medida racional para detener los bombardeos aéreos
de la única superpotencia del mundo.
"Ahora parece que la fuerza militar de Talibán
era más imaginaria que real, sin ninguna base política,
estratégica ni táctica", comentó
esta semana el diario de lengua inglesa The News, de Islamabad.
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