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NUEVA DELHI, 21 dic (IPS) India prepara una respuesta militar
contra Pakistán, a cuyo gobierno acusa de proteger
a los responsables del atentado de la semana pasada contra
el parlamento indio, en el que murieron 13 personas.
Nueva Delhi alega que cinco ciudadanos pakistaníes,
pertenecientes a grupos terroristas alojados y respaldados
por Islamabad, dirigieron el atentado contra la sede del parlamento.
El gobierno de India llamó a su máximo representante
diplomático en Islamabad este viernes, luego que Pakistán
se negó a ilegalizar a los grupos islámicos
Lashkar-e-Taiba (LT, Ejército de los Justos) y Jaish-e-Mohammad
(JM, Soldados de Mahoma), arguyendo que Nueva Delhi no presentó
pruebas suficientes.
El peligro de una escalada bélica entre los dos estados
con arsenal nuclear sólo podría conjurarse mediante
una decidida acción de la comunidad internacional destinada
a lograr la contención de ambos gobiernos.
En los últimos días se registraron importantes
movimientos de tropas, tanques y artillería pesada
en la frontera septentrional del Punjab y en la llamada línea
de control que divide la conflicta región de Cachemira,
donde actúan grupos islámicos separatistas.
Varias aldeas fueron evacuadas en el estado indio de Jamu
y Cachemira, mientras el intercambio de disparos a través
de la línea de control ya causó la muerte de
35 soldados pakistaníes y la destrucción de
25 puestos fronterizos, según informó la Vigésimoquinta
División de Infantería india.
El ejército de India confirmó el movimiento
militar en respuesta a la "considerable concentración"
de fuerzas pakistaníes del otro lado de la frontera.
"Estamos haciendo lo que debemos", dijo un portavoz
militar.
El primer ministro de India, Atal Bihari Vajpayee, responsabilizó
el miércoles a Islamabad de conspirar para "liquidar
a la dirigencia política de India", sumándose
así a los sectores más duros del gobernante
Partido Bharatiya Janata (BJP), encabezados por el ministro
del Interior, L. K. Advani.
Vajpayee, quien suspendió prematuramente las sesiones
del parlamento ante la "crítica situación",
calificó el atentado como un ataque "al honor
y la existencia misma de la nación", y declaró
que "todas las opciones (de represalias) están
abiertas".
El gobernante aludió a Estados Unidos, al afirmar
que aquellos que recomiendan contención a India deberían
hacer lo mismo con Pakistán.
Nueva Delhi procura que Washington ejerza mayor presión
sobre Islamabad, para que actúe contra las organizaciones
sospechosas.
El jueves, el gobierno de Estados Unidos ordenó la
confiscación de activos del grupo LT, al que el presidente
George W. Bush calificó como "promotor del terrorismo
sin patria".
Nueva Delhi procura asegurar algún resultado tangible
de las acciones "antiterroristas" de Pakistán
o, de lo contrario, considerará abierto el camino para
"acciones" diplomáticas o militares.
Islamabad, por su parte, se niega a ceder ante la "intimidación"
de Nueva Delhi. El presidente Pervez Musharraf detestaría
calificar de terroristas a quienes su gobierno insiste en
considerar "combatientes por la libertad".
En los últimos 12 años, Pakistán jugó
un papel decisivo en la complicada Cachemira, armando y entrenando
a organizaciones que hacen pocas distinciones entre objetivos
militares y civiles.
Por otra parte, el gobierno militar de Musharraf ya está
en problemas internos por haber perdido su influencia estratégica
en Afganistán, al sumarse a la coalición militar
encabezada por Rstados Unidos, y no podría afrontar
una nueva claudicación, mucho menos ante su tradicional
rival.
En India, no está en juego sólo el "honor"
nacional, sino procesos electorales esenciales. El gobernante
BJP de Vajpayee, que encabeza una difícil coalición
de 26 partidos, se apresta para las elecciones legislativas
en los estados del Punjab y Uttar Pradesh.
En este último, el más poblado del país
y gobernado por una coalición que encabeza el BJP,
todas las encuestas electorales pronostican una derrota del
oficialismo.
Muchos dirigentes reconocen que el fracaso en Uttar Pradesh
provocaría la ruptura de la coalición nacional.
Una postura dura frente a Pakistán y el terrorismo
podría revertir esa tendencia.
Esa es una de las razones por las cuales el gobierno de Vajpayee
se apresuró a acusar a las organizaciones militantes,
apoyándose en pruebas circunstanciales y sin haber
reunido suficientes evidencias directas.
Las dos organizaciones acusadas por Nueva Delhi son muy distintas
en términos de ideología y organización,
y mantienen una rivalidad histórica.
LT integra la red internacional Al Qaeda (La Base), dirigida
por el saudita Osama bin Laden, a quien el gobierno de Estados
Unidos considera responsable de los ataques terroristas del
11 de septiembre en Nueva York y Washington. JM no forma parte
de esa red, y no hay antecedentes de acciones conjuntas de
ambos grupos.
Por lo tanto, no será fácil que el gobierno
indio pruebe sus acusaciones, si no avanza en la investigación
del asunto. Ese hecho, sumado a la presión estadounidense
para que Nueva Delhi actúe con prudencia, puede impedir
un ataque militar contra territorio pakistaní.
Otros factores que podrían contribuir a frenar planes
de ataque son las advertencias de partidos opositores contra
cualquier acción militar antes de agotar opciones políticas
y diplomáticas, y el hecho de que el Ejército
piensa que los campos de entrenamiento terrorista en la parte
pakistaní de Cachemira son objetivos de poca importancia.
Según fuentes militares, esos campos "son sólo
espacios abiertos para hacer ejercicio y practicar tiro",
y la ubicación de varios de ellos a considerable distancia
de la frontera implica riesgos de conflicto prolongado y de
una escalada militar hasta el uso de las armas nucleares en
poder de ambos países.
India y Pakistán intercambiaron 13 amenazas de ataque
nuclear durante su conflicto en la región fronteriza
cachemira de Kargil, a mediados de 1999, y los misiles con
cabeza nuclear pueden tardar de tres a ocho minutos para recorrer
la distancia entre ciudades de ambos países.
Una guerra nuclear tendría efectos devastadoras en
Asia Meridional y más allá de ella, entre otras
cosas porque rompería la restricción política
y moral del uso de bombas nucleares vigente en el mundo desde
los ataques estadounidenses de 1945 contra las ciudades meridionales
japonesas de Hiroshima y Nagasaki.
Según estudios científicos, el estallido de
una bomba nuclear del tipo más primitivo en ciudades
como la occidental india de Mumbai (Bombay) o la sudoccidental
pakistaní de Karachi causaría de 800.000 a dos
millones de muertes inmediatas, y una nube radiactiva que
se extendería sobre toda la región.
Se calcula que el arsenal nuclear de India y Pakistan suma
de 70 a 150 bombas.
La comunidad internacional tiene razones para desactivar
la crisis y no permitir que su lugar sea ocupado de hecho
por Washington, cuyas acciones poco neutrales y a menudo torpes
en India, Pakistán y Afganistán hacen que los
pueblos de la región desconfíen de que pueda
ser un mediador honesto e imparcial.
Una intervención internacional efectiva debería
provenir del Consejo de Seguridad de la Organización
de las Naciones Unidas, con apoyo de todas las potencias mundiales,
los países del Sudeste Asiático y el Movimiento
de No Alineados.
Aún es posible evitar una catástrofe, si se
combinan en forma adecuada factores nacionales e internacionales
que no surgirán en forma espontánea, sino que
deben ser creados y desarrollados.
¿Podrá el mundo afrontar con éxito ese
desafío? (FIN/IPS/tra- eng/pb/rdr/ral/dc-mp/ip/01)
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