|
ISLAMABAD, 26 dic (IPS) La asunción del gobierno de
Hamid Karzai, patrocinado por la Organización de las
Naciones Unidas (ONU), fue el primer cambio de administración
en Afganistán sin influencia de los países vecinos
desde 1973.
Ese hecho alentó esperanzas de que el gobierno interino,
cuya asunción el sábado 22 marcó formalmente
el fin del régimen Talibán (1996-2001), abriera
las puertas a la revitalización económica en
una región azotada por movimientos religiosos extremistas,
tráfico de drogas y proliferación de armas livianas.
"Les prometo que cumpliré mi misión de
traer la paz a Afganistán, que no tendremos de nuevo
las cadenas de la guerra", dijo Karzai, de 44 años,
durante la ceremonia de asunción.
Su plan de 13 puntos incluye el respeto a las normas islámicas
y a las leyes nacionales e internacionales, la preservación
de la integridad e independencia del país, y garantías
a la libertad de expresión y creencia.
Además, el plan incluye el respeto a las mujeres y
la educación universal, una gestión de gobierno
transparente, el retorno de los refugiados para reconstruir
Afganistán y relaciones amistosas con los países
vecinos.
Pero el éxito del mandato de Karzai, quien celebró
su primera reunión de gabinete el domingo, depende
en gran parte del apoyo que obtenga de la coalición
internacional contra el terrorismo encabezada por Estdos Unidos.
Según el acuerdo alcanzado el día 5 en Bonn
por distintas facciones afganas reunidas bajo el patrocinio
de la ONU, el gobierno interino permanecerá en el poder
por un mínimo de seis meses.
Posteriormente, el ex rey Mohammed Zaher Shah inaugurará
una "loya jirga" o conferencia nacional de líderes
tribales que decidirá sobre una autoridad de transición
que gobierne Afganistán hasta la elección de
un gobierno representativo en un plazo de dos años.
La administración de Karzai es sólo un miembro
de la autoridad interina. Las otras son la Comisión
Especial Independiente para la convocatoria de la "loya
jirga" de emergencia y la Corte Suprema, pero todavía
no se designaron los integrantes de estos dos organismos.
El gobierno interino, que recibió sillas, escritorios
y computadoras de la ONU, establecerá un Banco Central
para regular la oferta de dinero y una Comisión de
Servicio Civil para preparar las listas de candidatos a puestos
clave en los departamentos administrativos.
Pero mientras comienza el proceso de reconstrucción,
diferentes grupos étnicos y sus líderes luchan
por una porción del poder en la era pos-Talibán.
Karzai es representante del rey y pertenece a la etnia patán
(pashtun) y a la poderosa tribu durani.
Su gabinete de 29 miembros está compuesto por 11 patanes,
ocho tajikos, cinco hazaras chiítas, tres uzbekos y
tres miembros de otras minorías.
Los tajikos obtuvieron tres importantes puestos en el gabinete,
con Abdullah Abdullah en Relaciones Exteriores, el general
Fahim en Defensa y Younis Qunooni en el interior. El día
en que éstos tomaron posesión de sus cargos,
manifestantes tajikos exhibieron un enorme retrato de su líder
asesinado, Ahmad Shah Masood.
Señores de la guerra como el saliente presidente Burhannudin
Rabbani, Sayet Ahmad Gillani, de la etnia patán, y
los uzbekos Rashid Dostum, Ismail Khan y Rasul Sayyaf, ya
protestaron por lo que consideran una porción del poder
inferior a la que merecen en el gobierno interino, dado que
formaron parte de la opositora Alianza del Norte, que ayudó
a derrocar a Talibán.
Se especula con que esos líderes podrían ser
designados para integrar la Corte Suprema y la Comisión
Especial Independiente, o bien que sus nominados obtendrían
cargos administrativos.
Pero el desafío inmediato de Karzai es cómo
extender su gobierno a por lo menos seis ciudades-estados
que emergieron en la última década.
Kabul y la región del noreste están dominadas
por tajikos; la región de Mazar-al-Sharif, en el noroeste,
por uzbekos, y el área de Herat, de mayoría
patán, está controlada por el comandante tajiko
Ismail Khan.
Mientras, la región hazara de Bamian-Bugdis está
respaldada por el chiíta Hazbe Wahdat, la zona sureña
de Kandahar está dominada por comandantes patanes designados
por Karzai, y las provincias del este son gobernadas por comandantes
de la "Nangarhar Shura" o asamblea de los mayores.
La Fuerza Internacional de Seguridad encabezada por Gran
Bretaña y aprobada el pasado jueves por el Consejo
de Seguridad de la ONU podría ser de gran ayuda.
Pero observadores independientes arguyen que sólo
con unos 20.000 soldados esa fuerza podrá desmilitarizar
el país y mantener la ley y el orden. Actualmente,
el número previsto de hombres varía apenas entre
3.000 y 5.000.
Otra dificultad que enfrentará el gobierno interino
es el establecimiento de una Comisión de Derechos Humanos
Independiente respaldada por la ONU, prevista en el acuerdo
de Bonn.
La Comisión vigilará el respeto a los derechos
humanos, investigará abusos y desarrollará instituciones
humanitarias nacionales, medidas muy necesarias para ayudar
a una sociedad devastada por décadas de guerra, pobreza
y marginación.
Grupos de derechos humanos exigen que los responsables de
crímenes contra la humanidad sean llevados ante la
justicia, y Karzai no descartó la formación
de una comisión especial para investigar crímenes
de guerra.
"No es una mala idea", dijo, sin ofrecer más
detalles.
Mientras, la comunidad internacional y agencias donantes
exigen pruebas de estabilidad política antes de asignar
más recursos para la reconstrucción de Afganistán.
(FIN/IPS/tra- en/ni/js/mlm/ip/01)
|