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ISLAMABAD, 28 nov (IPS) La reconstrucción de Afganistán
luego de dos décadas de guerra debe incluir los deseos
de la población afgana y apoyo político y económico
permanente, advirtieron participantes de una conferencia en
la capital pakistaní.
La reunión de Islamabad para discutir la reconstrucción
de la infraestructura social y económica de Afganistán
comenzó el martes, paralelamente a la conferencia en
Bonn sobre el futuro político de ese país centroasiático.
De los más de 300 delegados reunidos en la capital
de Pakistán, la mayoría son afganos pertenecientes
a organizaciones no gubernamentales (ONG). También
hay representantes de varios gobiernos, organismos humanitarios
e instituciones financieras multilaterales.
La conferencia, de tres días de duración, forma
parte de una estrategia internacional para reconstruir Afganistán
mediante un liderazgo político competente, fondos adecuados
y cooperación entre distintas instituciones donantes.
Paul Oquist, del Programa de las Naciones Unidas para el
Desarrollo, advirtió contra las "reparaciones
en el acto" y la "fatiga de los donantes",
y afirmó que debe haber instituciones especiales y
recursos "de posguerra" durante un plazo prolongado.
En la reconstrucción, los gobiernos y organismos donantes
deben permitir que los afganos moldeen el futuro de su país,
señalaron delegados.
"No vine a esta conferencia para decirles de qué
manera el Banco Mundial y otros donantes reconstruirán
Afganistán", declaró Mieko Nishimizu, vicepresidente
del Banco Mundial.
"No podemos pensar en reconstruir Afganistán
sin escuchar a su pueblo soberano. No podemos continuar la
misma exclusión que arruinó la vida de los afganos
por tanto tiempo", agregó.
Oquist citó los ejemplos de Japón y Alemania,
que renacieron de sus cenizas después de la segunda
guerra mundial y pudieron transformar su destruida infraestructura
industrial en otra insfraestructura moderna y económicamente
competitiva.
Afganistán no posee un aparato gubernamental, pero
eso puede transformarse en una oportunidad para crear un estado
moderno, participativo y responsable, arguyó.
Organizaciones internacionales estimaron la cifra necesaria
para reconstruir Afganistán en 10.000 millones de dólares.
La respuesta de los donantes, y si ésta tendrá
en cuenta las necesidades y aspiraciones de los afganos, se
verá en los próximos meses y años.
En la última década, la asistencia internacional
a Afganistán sumó entre 200 y 300 millones de
dólares anuales, principalmente para fines humanitarios,
y gran parte bajo la forma de alimentos u otra ayuda en especie.
La mayor parte se canalizó a través del Llamado
Anual para Afganistán, además del periódico
Llamado de la Sequía. Para el período octubre
2001-marzo 2002, se convocó a un "alerta de donantes"
de 584 millones de dólares.
Hasta ahora, el mayor donante bilateral ha sido Estados Unidos,
seguido por la Unión Europea.
La mayor parte de la ayuda internacional a Afganistán
se entrega a través de ONG. Hay unas 40 con un gasto
anual superior a un millón de dólares cada una,
además de numerosas organizaciones pequeñas.
Las agencias de las Naciones Unidas suelen canalizar su ayuda
a través de esos grupos. Las ONG más importantes,
principalmente internacionales, atraen grandes donaciones
directas.
En ausencia de un gobierno efectivo y de liderazgo, las ONG
se han transformado en los principales actores en materia
de educación primaria (especialmente para niñas),
suministro de agua potable en las áreas rurales, unidades
de atención primaria de la salud y remoción
de minas antipersonales.
Un documento del Banco Mundial advirtió que la situación
económica de Afganistán repercute en toda la
región a través del contrabando, el narcotráfico,
el terrorismo, el extremismo, los flujos financieros y el
movimiento de personas.
Por esa razón, se prevé que los países
vecinos también se beneficiarán del proceso
de reconstrucción de Afganistán.
"Cualquier esfuerzo de rehabilitación y reconstrucción
en Afganistán requerirá un enfoque de largo
plazo para todos los países limítrofes",
destacó Yoshihiro Iwasaki, director del Banco Asiático
de Desarrollo.
Pakistán, en la esperanza de que la reconstrucción
del vecino Afganistán beneficie a su maltrecha economía,
ya preparó a su comunidad empresarial para participar
en los trabajos de rehabilitación.
Por ejemplo, suministró trigo a crédito al
Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas y ofreció
ayuda técnica para construir una infraestructura de
irrigación y remover minas en Afganistán.
Sólo la remoción de minas costará unos
500 millones de dólares, se estima.
Además, debe reconstruirse la base de producción
agrícola para que pueda sustentar a más personas,
y reparar y construir caminos para llegar a partes inaccesibles
del país, entre otras tareas.
Pero los esfuerzos de reconstrucción física
en Afganistán "no pueden separarse del desarrollo
económico y social a largo plazo", advirtió
el Banco Mundial.
"La mera restauración de la situación
previa a 1978 dejaría a Afganistán como uno
de los países más pobres del mundo. Esto dificultaría
mucho la estabilidad política y la integración
nacional, y volvería al país muy vulnerable
al resurgimiento de conflictos", previno la institución
financiera.
"El crecimiento de la población desde los años
70 hace que la base económica y la estructura preexistentes
no puedan en ningún caso sustentar a la actual población,
menos si los (millones de) refugiados en países vecinos
vuelven a Afganistán", destacó el Banco.
Por lo tanto, concluyó, "la reconstrucción
deberá incluir un esfuerzo masivo de desarrollo",
y "los servicios de educación y salud, que nunca
alcanzaron a la mayoría de la población, deberán
ampliarse significativamente".
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