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ISLAMABAD, 29 nov (IPS) Las circunstancias que rodearon la
retirada del ejército soviético de la capital
afgana en 1989 y la entrada de la Alianza del Norte a la misma
ciudad, este mes, presentan similitudes debidas en no escasa
medida a la actuación de Pakistán.
En ambas ocasiones, Pakistán fue fundamental para
que Estados Unidos pudiera alterar el statu quo de Afganistán:
en 1989, mediante el apoyo activo a los mujaidines que derrotaron
al Ejército Rojo, y en 2001, con su respaldo a Washington
contra el grupo fundamentalista islámico Talibán.
Entonces, como ahora, quedó un vacío político
en Kabul. La Organización de las Naciones Unidas (ONU)
procura formar un gobierno de base amplia a través
de las conversaciones que cuatro facciones afganas mantienen
esta semana en Bonn.
Paralelamente, comenzó el martes otra conferencia
en Islamabad, con los auspicios del Banco Mundial, para planificar
la reconstrucción de Afganistán.
Hoy como en 1979, cuando la Unión Soviética
invadió Afganistán, hay un régimen militar
en Pakistán. Tanto el general Zia ul Haq como el actual
presidente, el general Pervez Musharraf, eran tratados como
parias por Washington antes de que "nuevas realidades"
los volvieran estratégicamente importantes.
En enero de 1978, el entonces presidente de Estados Unidos,
Jimmy Carter, se negó a hacer una escala en Pakistán
cuando viajó a Irán e India, y elevó
a India al nivel de "potencia preeminente en Asia meridional".
En marzo de 2000, otro presidente, Bill Clinton, luego de
una visita de cinco días a India donde declaró
a ese país "aliado natural" en la emergente
"relación especial" bilateral, aceptó
a regañadientes una parada de cinco horas en Islamabad.
Allí, se negó a ser fotografiado con Musharraf.
Pero las semejanzas entre ambas situaciones terminan allí,
porque la segunda guerra internacional de Afganistán
tiene lugar en una situación regional totalmente distinta.
En los años 80, la Agencia Central de Inteligencia
(CIA) de Estados Unidos dirigió la guerra casi secreta
en Afganistán mediante una fuerza de 100 hombres. Ahora
en cambio, Washington tiene numerosos soldados en bases de
los vecinos Pakistán, Uzbekistán y Tajikistán.
Además, Rusia, China, India e Irán son aliados
de hecho de Estados Unidos, dado que lo ayudan a derrotar
a Talibán y a buscar al saudí Osama bin Laden,
responsabilizado por los atentados del 11 de septiembre en
Nueva York y Washington.
Ahora, Asia meridional tiene dos vecinos rivales con armas
nucleares, Pakistán e India, que ya pelearon dos guerras
por la región musulmana de Cachemira.
La insurgencia en la parte de Cachemira controlada por India
comenzó luego del repliegue del Ejército Rojo
de Afganistán.
La principal pregunta que se hacen los pakistaníes
es si el "redescubrimiento" de Pakistán por
Estados Unidos será sostenido esta vez.
También se preguntan si Washington elegirá
un camino diferente al del pasado, cuando simplemente se retiró
de Afganistán tras la derrota de la Unión Soviética,
en 1989.
Según el diario The New York Times, el secretario
de Estado de Estados Unidos, Colin Powell, prometió
"incluso antes de lograr los objetivos militares"
en Afganistán, organizar una fuerza de paz de mayoría
musulmana en ese país y establecer allí un gobierno
estable.
Además, prometió reducir la tensión
en la explosiva frontera de Cachemira y procurar un nuevo
relacionamiento con Irán, de acuerdo con el periódico.
Esta ambiciosa agenda regional cuenta con el respaldo de
la Unión Europea.
El primer ministro de Bélgica dijo a Musharraf en
Pakistán que "2002 podría ser el año
de una solución política para la cuestión
de Cachemira" dado "el nuevo ambiente internacional".
Un nuevo comienzo sobre una base realista para la relación
entre Pakistán y Estados Unidos sólo será
posible si ambos países llegan a un acuerdo con el
pasado y se deshacen de los mitos difundidos para promover
políticas fracasadas.
El primer mito es que la "guerra santa conjunta"
en Afganistán entre Estados Unidos y Pakistán
empezó con la entrada de las tropas soviéticas
en Kabul.
"Según la versión oficial, la ayuda de
la CIA a los mujaidines comenzó en 1980, luego que
el ejército soviético invadiera Afganistán
en diciembre de 1979", dijo Zbigniew Brzezinski, asesor
de seguridad nacional de Carter, en entrevista con un diario
francés.
"Pero la realidad es diferente. El 3 de julio de 1979,
el presidente Carter aprobó la primera ayuda secreta
a los opositores del régimen prosoviético de
Kabul", afirmó Brzezinski.
"Ese mismo día, escribí al presidente
explicándole que, en mi opinión, esa ayuda iba
a inducir una intervención militar soviética",
continuó.
En otras palabras, Afganistán ya era un peón
de la superpotencia antes de la invasión soviética,
y Estados Unidos intentó atrapar a Moscú "induciendo"
a su ejército a intervenir.
Además, si el precio para lograr la desintegración
de la Unión Soviética era el surgimiento de
Talibán, Washington estaba dispuesto a pagarlo.
El segundo mito se relaciona con la oposición de Estados
Unidos al régimen Talibán y sus vínculos
con Bin Laden.
Cuando Talibán tomó Kabul en 1996, Estados
Unidos vio en ese régimen una posibilidad de estabilidad,
propicia para sus objetivos de construir oleoductos y gasoductos
desde Asia central hasta Pakistán y de contener a Irán
en el flanco occidental.
"Estados Unidos debería acercarse a Talibán",
porque éste "no practica el tipo de fundamentalismo
antiestadounidense de Irán", sugirió en
1997 la subsecretaria de Estado para asuntos de Asia meridional,
Robin Raphel, luego de visitar Kandahar para reunirse con
líderes talibanes y Zalmay Jalilzad, actual asesor
de Bush sobre Afganistán.
Bin Laden, aparte de haber sido un "heroico guerrero"
contra el "imperio del mal" soviético, no
figuraba hasta 1996, e incluso hasta 1998, en la lista de
"buscados" de Estados Unidos en el mundo musulmán.
Informes de prensa de Estados Unidos señalaron que
Sudán estaba dispuesto a extraditar a Bin Laden pero
el gobierno de Bill Clinton consideró que carecía
de argumentos "para juzgarlo en tribunales estadounidenses".
Así mismo, el ex jefe de inteligencia e Arabia Saudita,
Turki al Faisal, declaró que justo antes de los ataques
con misiles crucero de Estados Unidos contra Afganistán,
en agosto de 1998, el líder supremo de Talibán,
el mulá Omar, estaba dispuesto a entregar a Bin Laden
a un tercer país.
Las declaraciones de Al Faisal a un diario saudí no
han sido refutadas hasta el momento.
Si Pakistán y Estados Unidos aceptan que sus políticas
pasadas fracasaron, podrán partir de una base realista
para establecer nuevas políticas hacia Afganistán
y una nueva relación bilateral.
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