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LONDRES, 29 nov (IPS) Las bombas de la Luftwaffe, la aviación
de guerra de Alemania, fueron la pesadilla de los británicos
durante la segunda guerra mundial, pero ahora el gobierno
de Gran Bretaña cree insuficiente la actividad de esa
fuerza aérea.
El parlamento alemán aprobó la movilización
de 3.900 soldados para apoyar a las tropas estadounidenses
en Afganistán, y esta semana la Luftwaffe comenzó
a transportar equipo militar a la base aérea turca
de Incirlik. Tales hechos han causado más protestas
en Alemania que en Gran Bretaña.
Esos dos países son los únicos comprometidos
a contribuir con importantes contingentes a la campaña
encanezada por Estados Unidos en Afganistán y compartirán
eventuales bajas. El interés de Gran Bretaña
en que Alemania despempeñe un papel militar más
importante se debe a su preocupación por sus propias
tropas.
El gobierno británico alistó un contingente
de 6.000 soldados para su despliegue en la campaña,
pero aún no los ha movilizado por discrepancias con
la afgana Alianza del Norte y por la incertidumbre sobre su
mandato.
"No vamos a desplegar tropas (en Afganistán)
hasta que se establezca con claridad su papel y los riesgos
que afrontarán", dijo a IPS un portavoz del Ministerio
de Defensa británico.
No se trata del primer involucramiento de Alemania en una
situación bélica posterior a la segunda guerra
mundial, ya que apoyó operaciones militares multinacionales
en la provincia yugoslava de Kosovo y en Macedonia, pero esta
nueva intervención ha tenido un fuerte impacto simbólico
en Europa.
"La mayor parte de los británicos dan la bienvenida"
a la participación de fuerzas alemanas en la campaña
militar, dijo a IPS William Hopkinson, especialista del Real
Instituto de Estudios de Defensa, con sede en Londres.
"En la actualidad, pensamos en la defensa de Europa,
y Alemania debe estar preparada para desplegar tropas y dejar
atrás la posición adoptada tras el fin de la
Segunda Guerra Mundial", cuando el impacto social del
conflicto y la voluntad de sus vencedores se sumaron para
acotar su desarrollo militar, añadió.
El canciller (jefe de gobierno) alemán, Gerhard Schroeder,
logró el 16 de noviembre por muy estrecho margen aprobación
parlamentaria para participar en la campaña afgana.
Eran necesarios 334 votos a favor en el Bundestag, la cámara
baja del parlamento, y hubo 336.
De hecho, las mayores preocupaciones sobre el asunto en Gran
Bretaña no se refieren a la decisión adoptada,
sino a la fuerte resistencia en Alemania contra la iniciativa
de Schroeder.
"El canciller alemán quería esto, pero
no estamos seguros de que el conjunto de la sociedad alemana
lo deseara. La situación no ha madurado, aún
es delicada, y puede volverse crítica si se producen
bajas alemanas en la operación", señaló
Hopkinson.
La oposición social a la iniciativa en Alemania puede
ser mayor que la expresada en el Bundestag, ya que "las
Fuerzas Armadas son aceptadas para la defensa territorial,
pero hay muy poco apoyo a la idea de que cumplan un mandato
más amplio", agregó.
Permanece indefinido el papel que desempeñará
el contigente alemán, integrado por 800 soldados con
vehículos capaces de afrontar ataques con armas biológicas,
químicas o nucleares, 1.800 efectivos de la marina
de guerra entrenados para defender puertos, y 100 integrantes
de una fuerza de combate de elite.
"Lo más sorprendente es que un país como
Alemania, que se declara pacifista, disponga de sistemas de
defensa más avanzados que los británicos. Muchos
no sabíamos que los tenían", comentó
el mayor retirado británico retirado Steve Roberts,
en un debate transmitido por radio.
El primer ministro británico, Tony Blair, enfatizó
su apoyo al desarrollo militar de "una nueva Alemania"
durante un acto del gobernante Partido Socialdemócrata
alemán realizado en la meridional ciudad alemana de
Nuremberg, en el 56 aniversario del comienzo de juicios a
criminales de guerra nazis.
"Para ustedes, el militarismo de épocas anteriores
se asocia con muchos recuerdos amargos, pero deben reconocer
que esos hechos pertenecen al pasado, no al presente ni al
futuro", dijo a los asistentes.
"Estamos en el siglo XXI, y Alemania es un líder
de Europa con enorme poder económico y político.
Sus intereses y los del mundo exigen que cumpla por completo
el papel que le corresponde en las políticas exterior
y de defensa", enfatizó.
"Para ustedes, la integración a Europa no es
una cuestión muy polémica, y el despliegue militar
sí lo es. Nosotros (en Gran Bretaña) estamos
en la situación inversa", comentó.
Blair no mencionó directamente en su discurso las
delicadas cuestiones vinculadas con el aniversario que se
conmemoraba en Nuremberg, y fue aplaudido de pie por los asistentes
al acto.
Varios analistas políticos británicos indicaron
que pueden comprender por razones históricas la renuencia
en Alemania a enviar tropas a una guerra.
Una decisión de esa índole "aún
plantea graves dilemas y causa enorme dolor a todos los progresistas
alemanes de la era posterior a Hitler", pero es hora
de que Alemania se libere de esa histórica carga, escribió
Martin Kettle para el periódico The Guardian.
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