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WASHINGTON, 29 nov (IPS) El presidente de Estados Unidos,
George W. Bush, se enfrenta a serios cuestionamientos de todo
el espectro político por el decreto que autoriza a
tribunales militares a juzgar a ciudadanos extranjeros acusados
de terrorismo.
Juristas y legisladores de todas las tendencias políticas
y organizaciones de derechos humanos expresaron preocupación
ante un decreto que se agrega a otras decisiones del Departamento
(ministerio) de Justicia desde los atentados terroristas del
11 de septiembre en Nueva York y Washington.
Bush invocó las circunstancias extraordinarias que
vive el país y su condición de jefe de las Fuerzas
Armadas para firmar el 13 de este mes un decreto que autoriza
la actuación de tribunales militares para juzgar a
ciudadanos extranjeros acusados de terrorismo.
Según el decreto, los acusados serán juzgados
por una comisión integrada por jueces militares en
audiencia secreta, y no necesariamente se aplicarían
las normas penales de evidencia y carga de la prueba.
Además, los acusados no podrán apelar el auto
de procesamiento ni el fallo condenatorio ante ningún
órgano judicial.
Gobiernos aliados de Washington sugirieron que podrían
negarse a extraditar sospechosos, para evitar que sean sometidos
a juicio en esas condiciones.
"Nos oponemos a la creación de tribunales militares,
que podrían permitir arrestos secretos, acusaciones
secretas con evidencias secretas, investigaciones y testigos
secretos, juicios y procesamientos secretos, sentencias secretas
e incluso ejecuciones secretas", escribió esta
semana el legislador Dennis Kucinich, del Partido Demócrata.
La advertencia de Kucinich forma parte de una carta firmada
por otros 38 miembros de la Cámara de Representantes,
entre ellos el derechista Bob Barr, del Partido Republicano,
y dirigida al fiscal general John Ashcroft.
Pero el gobierno no parece dispuesto a dar marcha atrás
en la cuestión, como en ninguna de las decisiones que
amplían las facultades para perseguir y detener sospechosos.
"El país se enfrenta a una verdadera amenaza
extraordinaria", afirmó el miércoles el
asistente del fiscal general, Michael Chertoff, ante el Comité
Judicial del Senado, en la primera de una serie de audiencias
bajo el lema "Preservar las libertades en la defensa
contra el terrorismo".
Chertoff reiteró que las acciones del gobierno están
dentro de los límites de la Constitución y sugirió
que los tribunales militares sólo se instalarán
para unos pocos casos.
Sin embargo, admitió que los abogados del Pentágono
(ministerio de Defensa) apenas han comenzado a establecer
las circunstancias y procedimientos bajo los cuales actuarán
esos tribunales.
Las autoridades afirman que hay antecedentes de tales medidas
en la historia nacional. Durante la segunda guerra mundial,
un tribunal militar juzgó a ocho saboteadores alemanes
capturados en territorio estadounidense.
El secreto se justifica por la amenaza que aún representa
la organización Al Qaeda (La Base), del saudita Osama
bin Laden, a quien Washington acusa de los atentados de septiembre,
pero particularmente para la protección de los jurados,
arguye el gobierno.
Los tribunales previstos en el decreto de Bush no cumplen
siquiera con las normas procesales mínimas de la justicia
militar, de acuerdo con la declaración prestada ante
el comité senaturial por la Unión Estadounidense
de Libertades Civiles (ACLU).
La ACLU señaló que, al contrario de lo ocurrido
en el caso juzgado en la segunda guerra mundial y en anteriores
tribunales de tiempos de guerra, en esta ocasión el
Congreso no facultó al presidente a dar ese paso mediante
una declaración formal de guerra.
"El equlibrio de poderes se está inclinando peligrosamente,
amenazando los fundamentos de nuestra democracia", declaró
Laura Murphy, directora de la ACLU en Washington.
Legisladores de ambos partidos manifestaron preocupaciones
similares.
"Hubiera sido apropiado consultar a las autoridades
(legislativas) antes de promulgar este decreto, pues la Constitución
faculta al Congreso a establecer tribunales con jurisdicción
exclusiva sobre delitos militares", sostuvo el senador
republicano Arlen Specter.
"Inclusive en guerra, el Congreso y los tribunales tienen
papeles esenciales para mantener el equilibrio necesario entre
la seguridad nacional y los derechos civiles", agregó.
Chertoff aseguró a los senadores que el Pentágono
está dispuesto a considerar sus puntos de vista y que
sus abogados procurarán mayores garantías procesales.
Para los críticos se trata de una bofetada a las libertades
civiles y al pretendido liderazgo de Washington en la defensa
de los derechos humanos y el debido proceso en todo el mundo.
Si se crean tales tribunales, será más difícil
para Estados Unidos criticar a países que no respeten
las normas procesales, advirtieron Amnistía Internacional
y Human Rights Watch (HRW).
"La próxima vez que Estados Unidos critique a
un dictador extranjero por juzgar a un disidente o a un ciudadano
estadounidense ante la justicia militar, el argumento se volverá
contra él", dijo el director ejecutivo de HRW,
Kenneth Roth.
En un documento publicado el martes, la organización
de derechos humanos se refirió a 11 países que
recibieron críticas del Departamento de Estado por
apelar a tribunales militares u otros órganos que no
respetan el derecho al debido proceso, entre ellos Birmania,
China, Nigeria, Perú, Sudán y Turquía.
"Aunque se corrijan las fallas más notorias del
decreto, el texto puede convertirse en modelo para los gobiernos
que buscan una cobertura legal a la represión política",
advirtió HRW.
La creación de tribunales militares pone en riesgo
la colaboración de naciones aliadas a Washington en
el combate contra el terrorismo.
La semana pasada, autoridades de España afirmaron
que no aceptarán la extradición a Estados Unidos
de ocho hombres acusados por un juez español de complicidad
en los atentados del 11 de septiembre, a menos que Washington
garantice su comparecencia ante la justicia ordinaria.
Otros países de la Unión Europea adoptarán
una posición similar, predijeron expertos en derecho
de Estados Unidos y Europa.
De visita en Washington, el primer ministro español
José María Aznar se mostró evasivo ante
la cuestión, y un portavoz de la Casa Blanca dijo a
la prensa que el gobierno aún no ha solicitado la extradición,
por lo cual "el asunto no es relevante".
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