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NACIONES UNIDAS, 27 dic (IPS) Personal especializado por
la Organización de Naciones Unidas (ONU) en la remoción
de minas busca en Afganistán 25.000 bombas arrojadas
por aviones de Estados Unidos que no explotaron.
Unas 245.000 bombas fueron utilizadas en la campaña
que Estados Unidos y Gran Bretaña iniciaron el 7 de
octubre contra Afganistán, de acuerdo con la información
suministrada por la coalición militar.
"Según los primeros cálculos, un mínimo
de 10 por ciento de esos explosivos, aproximadamente 25.000,
no explotaron al caer y permanecen sobre el territorio como
un material letal", advirtió el administrador
del Programa de Naciones Unidas para la Acción contra
las Minas en Afganistán, Dan Kelly.
El funcionario agregó que esperaba que los países
que participaron de la campaña militar --Estados Unidos,
Gran Bretaña, Canadá y Australia-- aportaran
más datos sobre los lugares donde fueron arrojados
los explosivos.
Las bombas de dispersión, que no son guiadas por mecanismos
de precisión, tienen una serie de compartimentos que
se rompen para liberar gran cantidad de pequeños explosivos.
Muchos no explotan, y permanecen en el suelo como minas antipersonal.
Las fuerzas estadounidenses lanzaron gran cantidad de esos
explosivos sobre Afganistán, al igual que en la provincia
serbia de Kosovo, en 1999, y durante la guerra del Golfo,
en 1991.
A raíz del peligro que representa este armamento para
la vida y la reconstrucción del país, la ONU
decidió intensificar su programa de eliminación
de minas en Afganistán.
Más de 5.000 afganos especializados en la búsqueda
e inutilización de explosivos esperan para iniciar
la tarea, mientras otro contingente será entrenado
el año próximo, informó el foro mundial.
El entrenamiento en la búsqueda, eliminación
y conocimiento de las nuevas municiones secundarias, incluyendo
bombas de dispersión y minas terrestres, se llevó
a cabo en las últimas seis semanas en las ciudades
pakistaníes de Peshawar y Quetta, y en Kabul, la capital
afgana, y Herat, informó Kelly.
La semana pasada, dos niños de nueve y 10 años
murieron y otros dos resultaron heridos en un campamento de
refugiados en Herat, cuando una bomba BLU-97 explotó
junto a ellos mientras recogían leña.
En noviembre, el Departamento (ministerio) de Defensa de
Estados Unidos resolvió cambiar el color amarillo de
los paquetes con alimentos que arrojaban desde el aire en
Afganistán, el mismo de los pequeños explosivos,
algunos de los cuales tienen inclusive un tamaño similar.
"Es desafortunado que las bombas de dispersión
sean del mismo color que los paquetes de alimentos. Lamentablemente,
ellos (la población afgana) se acostumbraron a buscar
lo amarillo", se disculpó el jefe del estado mayor
conjunto, Richard Myers.
Durante la ocupación militar de la Unión Soviética,
en la década de los 80, 10 millones de minas terrestres
antipersonas fueron colocadas en el territorio afgano, devastado
por más de 22 años de guerras.
El programa de la ONU, el mayor y más antiguo del
mundo, ha eliminado más de 1,6 millones de explosivos
de campos de batalla, tierras agrícolas, caminos y
zonas residenciales.
La Unión Europea consideró el mes pasado que
la presencia de minas antipersonas en Afganistán es
un enorme problema humanitario.
Al menos 2.812 personas fueron víctimas de las minas
en el país entre marzo de 1978 y diciembre de 2000.
Se estima que cada año más de 150.000 personas
en todo el mundo son heridas por las minas, mayoritariamente
mujeres, niños y niñas.
Estas armas no sólo destruyen vidas, sino que constituyen
un obstáculo para la reconstrucción posterior
a los conflictos en países como Angola, Laos, Mozambique,
Sierra Leona y Vietnam.
Según la ONU, las minas y las bombas sin explotar
cubren un área de 724 millones de metros cuadrados
en Afganistán, de los cuales 344 millones son clasificados
como prioritarios para la eliminación.
La ONU auspicia una campaña internacional para reconstruir
Afganistán, a un costo de más de 9.000 millones
de dólares en los próximos cinco años.
"Hablamos de reconstruir un país entero, caminos,
infraestructura, puentes, hospitales, escuelas, sistema educativo,
ejército y policía. La comunidad internacional
se comprometió a hacerlo", dijo el portavoz del
foro mundial, Ahmed Fawzi.
Cada año se identifican entre 12 y 14 millones de
metros cuadrados de territorios minados en todo el mundo,
de acuerdo al Informe de Control de Minas Terrestres 2001,
publicado por la Campaña Internacional para la Prohibición
de las Minas Terrestres.
La Campaña respalda la suspensión en el uso,
producción y comercio de bombas de dispersión,
y "también apoya los intentos de establecer un
nuevo derecho humanitario que abarque los problemas de los
explosivios remanentes de las guerras", afirmó
Steve Goose, integrante de la organización no gubernamental.
Quienes usan este tipo de armas y otras municiones explosivas
deberían asumir la responsabilidad de eliminar las
unidades no explotadas o brindar asistencia a esa tarea, opinó
Goose.
Se debería suministrar información técnica
a la ONU y otras instituciones inmediatamente después
de usado el armamento, incluyendo detalles sobre los tipos
de armas, su ubicación geográfica y los procedimientos
para disponer de ellas en forma segura.
"Los usuarios de armas como las bombas de dispersión,
que tienen un impacto de largo plazo, deberían dar
información apropiada y advertencias a la población
civil durante y después del conflicto", sostuvo
Goose. (FIN/IPS/tra-eng/td/aa/dc/ip/01)
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