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NAIROBI, 28 dic (IPS) Estados Unidos parece haber descartado
la ampliación a Somalia de la guerra contra el terrorismo
comenzada en Afganistán, para alivio de ese país
del Cuerno de Africa, que está en ruinas tras una década
de guerra civil y aislamiento.
Pero Somalia tiene por delante un año extremadamente
difícil, ante la persistente escasez de alimentos y
el cierre de la compañía de servicios bancarios
Al-Barakat, a través de la cual los emigrantes enviaban
dinero a sus familiares.
Autoridades de la embajada de Estados Unidos en Kenia desestimaron
la posibilidad de un ataque contra Somalia, señalada
en principio como posible refugio de miembros de la red terrorista
islámica Al Qaeda, del saudita Osama bin Laden.
Durante semanas circularon en los medios internacionales
de prensa rumores sobre un eventual ataque por aire de Estados
Unidos contra Somalia desde bases en Kenia.
La semana pasada, la embajada de Estados Unidos en Nairobi
postergó una prevista rueda de prensa de funcionarios
enviados al sur de Somalia, donde discutieron sobre terrorismo
con jefes de clanes rivales.
El gobierno provisorio del presidente Abdul Kassim Salat
confirmó la visita, pero negó que en Somalia
se ocultaran seguidores de bin Laden.
"Delegaciones estadounidenses han visitado Somalia y
no vieron campos ni organizaciones terroristas", dijo
Salat en una entrevista con el diario árabe Asharq
al-Awsat.
Jefes de clanes de Somalia acusaron al incipiente Gobierno
Nacional de Transición de hospedar a miembros de Al
Qaeda y se niegan a negociar con Salat.
El diario Wall Street Journal, de Estados Unidos, sostuvo
que los agentes de inteligencia estadounidenses destacados
dos meses atrás en Somalia no hallaron campos de entrenamiento
de Al Qaeda ni ninguna otra información que justificara
una acción militar al estilo de la emprendida en Afganistán.
El secretario general de la Organización de las Naciones
Unidas (ONU), Kofi Annan, urgió a Washington a dejar
atrás sus planes de ampliar su campaña mundial
contra el terrorismo.
"No tengo evidencias ni motivos para respaldar la posición
según la cual la guerra debe llevarse a otras áreas",
dijo Annan durante una visita a Suecia.
Somalia cayó en el caos en 1991, cuando el opositor
Congreso Somalí Unido derrocó al presidente
Mohammed Siad Barre. Desde entonces, el país permanece
dividido en feudos controlados por milicias rivales.
Dieciocho soldados estadounidenses fueron muertos en 1993
en Mogadiscio por las milicias de Mohammed Farah Aidid, un
señor de la guerra que había impuesto su poder
en la capital.
El episodio determinó a Washington y a la ONU a retirar
en 1994 las fuerzas que habían enviado al país
para acabar con la anarquía.
El gobierno de transición, elegido el año pasado,
aún debe reafirmar su autoridad sobre los líderes
tribales que controlan porciones de la fértil región
meridional.
Osman Ali Ato, uno de los jefes tribales, firmó un
acuerdo con el gobierno transitorio en una conferencia de
facciones somalíes finalizada esta semana en Nairobi.
Pero Hussein Aidid, jefe de un poderoso clan, no concurrió
a la reunión y se niega a reconocer la autoridad del
nuevo gobierno instalado en Mogadiscio. Hussein es hijo del
fallecido Mohammed Farah Aideed, el verdugo de las tropas
estadounidenses en 1993.
Las perspectivas para 2002 son desalentadoras para el pueblo
somalí, a juzgar por un informe de la Organización
de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación
(FAO) y del Programa Mundial de Alimentos.
La Unidad de Evaluación de la Seguridad Alimentaria
de la FAO realizó a mediados de este mes una investigación
en la región meridional de Gedo con resultados "alarmantes".
La desnutrición entre los 60.000 habitantes del distrito
de Belet Hawa, en Gedo, es "excesivamente alta".
Treinta y siete por ciento de los pobladores de esa zona son
menores de cinco años.
Un estudio similar realizado el año pasado en la misma
localidad reveló una desnutrición 50 por ciento
menor.
Gedo es el epicentro de la crisis, pero otras zonas, incluyendo
las septentrionales, están en "una condición
extremadamente frágil", según un documento
de la FAO.
El aumento de la desnutrición es atrubuido a la caída
de las remesas del exterior, determinada a su vez por la decisión
de Estados Unidos de congelar los activos de la empresa de
servicios bancarios del grupo somalí Al-Barakat.
El bloqueo de los fondos de Al-Barakat, ordenado por Estados
Unidos tras los ataques del 11 de septiembre contra Nueva
York y Washington, dejó a muchas familias sin dinero
para la compra de alimentos.
Las remesas han sido esenciales para parte de la población
somalí durante los últimos años de colapso
económico.
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